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19 Jun 202104:20

Myanmar recupera el ritmo al calor de H&M y C&A cuatro meses después del golpe de Estado

Los mayores grupos de gran distribución de moda del mundo vuelven a mirar al mercado asiático, aunque algunas compañías, como C&A, siguen teniendo el país en cuarentena.
26 May 2021 — 03:53
P.R.D
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Myanmar recupera el ritmo al calor de H&M y C&A cuatro meses después del golpe de Estado

 

 

Tras la tormenta, empieza a llegar la calma a la industria textil de Myanmar. Aunque lentamente. Tras el golpe de Estado de principios de año, los principales retailers del mundo cortaron en seco sus pedidos al país. Ahora, poco a poco, algunos gigantes empiezan a volver a mirar a la antigua Birmania, aunque la mayoría de ellos siguen teniendo al país en cuarentena.

 

El PMI de Myanmar, que indica la actividad industrial del país, retrocedió a mínimos históricos el pasado marzo, hasta 27,5 puntos, en comparación con los 27,7 puntos de febrero. Según IHS Markit, el desplome del indicador es consecuencia de menores volúmenes de producción, cierre de fábricas y de la cancelación de pedidos que tuvieron lugar en múltiples industrias, entre ellas la textil.

 

Además, el país se ha visto afectado desde el golpe de Estado por grandes dificultades en el aprovisionamiento de materias primas, al tiempo que la moneda local (el kyat) se ha desplomado frente al dólar, lo que ha hecho encarecido las importaciones.

 

 

 

 

Durante las últimas semanas, algunos gigantes del textil de la moda internacional, como Bestseller, H&M o Primark, han comenzado a retomar pedidos a Myanmar, lo que, a la espera de que las estadísticas reflejen el volumen real de estos pedidos, puede contribuir a que la economía recupere el ritmo en un país que concentra el 30% de sus exportaciones de viene en el textil y la confección, según datos de Naciones Unidas.

 

H&M, que cuenta con treinta proveedores en el país, ha sido una de las primeras compañías en anunciar su regreso a Myanmar. La empresa, que asegura que sus proveedores en el país dan empleo a 50.000 personas, ha afirmado que comienza “gradualmente” a comprar en el país.

 

“Con nuestra decisión queremos evitar el riesgo inminente que tienen nuestros proveedores de cerrar sus fábricas, lo que tendría un impacto inevitable en despidos de decenas de miles de trabajadores de la confección”, ha señalado H&M recientemente, en declaraciones recogidas por Financial Times.

 

Primark, que durante la primera ola del Covid-19 fue duramente criticado por los proveedores asiáticos por impagar pedidos, trabaja con 21 fábricas en el país. El grupo irlandés ha decidido en este caso “apoyar”, según ha señalado la empresa, a los proveedores.

“Tomamos la decisión de pausar los pedidos a Mynamar con la esperanza de que fuera un movimiento temporal, en tanto que estamos comprometidos con el apoyo a nuestros proveedores y sus fábricas”, dijo un portavoz de la empresa a Ecotextile News.

 

 

 

 

Bestseller también ha afirmado ya que regresará a Myanmar lo antes posible (sin precisar cuándo exactamente), después de llevar a cabo una investigación interna sobre si tres de sus factorías en el país habían colaborado con el golpe militar, incumpliendo la normativa europea.

 

La empresa, que desde el golpe de Estado había recibido presiones del gobierno danés para esclarecer la actuación de sus proveedores, genera 48.000 empleados indirectos en estas tres factorías, ubicadas en la zona industrial de Ngwe Pinlae, desarrollada y administrada por el conglomerado militar Myanmar Economic Holdings (Mehl). “No creemos que haya motivos razonables para suponer que las tres fábricas hayan pagado impuestos, directa o indirectamente, a los militares”, ha señado la empresa encargada de la investigación.

 

El riesgo de ser vinculadas con incumplimientos de los derechos humanos, como le ha sucedido a Bestseller, está haciendo que muchos grupos, como Benetton, miren todavía de lejos a Myanmar, y que otros, como C&A (con más de cuarenta proveedores en el país), hayan decidido salir totalmente del país. Todavía más después de que el sector haya sido puesto en entredicho por el aprovisionamiento de algodón en Xinjiang, la región de China donde se han destapado un escándalo de violación de derechos humanos sobre la minoría musulmana uigur.

 

 

 

 

Antes del Covid-19, la industria textil de Myanmar generaba unas exportaciones anuales por valor de 5.000 millones de dólares y daba empleo a alrededor de 700.000 trabajadores. La importancia de Myanmar en el mapa global de la moda comenzó a acelerarse hace menos de una década gracias al desarrollo de zonas preferenciales para la inversión extranjera, la apuesta de China por el país, los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea y unos costes laborales que son la mitad de los de Camboya y Vietnam.

 

Myanmar fue, en 2020, el único de los grandes proveedores textiles que logró elevar sus ventas a España. En el año del Covid-19, la antigua Birmania impulsó un 3% sus exportaciones de moda al mercado español, hasta 584,5 millones de euros (715,6 millones de dólares), teniendo en cuenta, además, que el gran gigante español, Inditex, no produce en el país.

 

Sin embargo, el golpe de Estado ha pasado factura a la relación entre España y Myanmar. En el primer trimestre, las importaciones de moda (incluyendo ropa, calzado, accesorios, joyería y perfumería) procedentes de Myanmar se desplomaron un 27,4% interanual, hasta 124,8 millones de euros (152,7 millones de dólares), relegándole a la posición número catorce en el ránking de proveedores.

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