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De la euforia al desencanto: BlackRock recorta su inversión en ESG

Uno de los mayores fondos de inversión del mundo ha anunciado en su última reunión de accionistas que invertirá en menos iniciativas con valor sostenible en 2022 porque son más “exigentes y demandantes”.

M. Tamayo

20 may 2022 - 04:45

De la euforia al desencanto: BlackRock recorta su inversión en ESG

 

El ESG pierde atractivo. Las inversiones sostenibles han estado en el foco de los inversores los últimos años. Sólo en el tercer trimestre de 2021, los fondos sostenibles estadounidenses registraron 15.700 millones de dólares en entradas netas, según la compañía estadounidense de servicios financieros Morningstar. Sin embargo, uno de sus principales impulsores ha rebajado su entusiasmo: BlackRock anunció en su última reunión de accionistas que rebajarían la inversión en activos ESG.

 

En concreto, la compañía de gestión de inversiones con sede en Nueva York presentó en su última reunión de accionistas, celebrada la pasada semana, una propuesta a favor de limitar el número de inversiones en activos sostenibles y reducirlo en 2022 respecto a las inversiones del año anterior.

 

En concreto, la nota aclara que BlackRock apoyará menos inversiones en activos ESG (enviromental, social and corporate governance) que en 2021 “ya que no consideramos que sean coherentes con los intereses financieros a largo plazo de nuestros clientes”. La compañía dirigida por Larry Fink subraya en el documento que no va a tomar decisiones de inversión que “implícitamente pretendan microgestionar empresas”.

 

 

Esto incluye las inversiones que son “indebidamente prescriptivas y limitan la toma de decisiones del consejo de administración o la dirección y que exigen cambios en la estrategia o el modelo de negocio de la empresa o que abordan asuntos que no son importantes a la forma en que una empresa proporciona valor a largo plazo a los accionistas”, según el documento publicado por la compañía.

 

La gestora de fondos llevará su estrategia medioambiental hacia otra dirección. En el mismo documento, BlackRock señala que favorecerá las medidas que mejoren la divulgación de información por parte de una empresa que ayude a los inversores a entender si la empresa está bien posicionada para adaptarse a los cambios relacionados con el clima. Además, el fondo requerirá a las empresas información “cuantitativa específica” sobre sus emisiones y planes de reducción.  

 

Estas no son las primeras voces en Estados Unidos que apuntan a un cambio de ciclo en las inversiones sostenibles. Un informe realizado por expertos de Edhec Business School a mediados del pasado año y recogido por Financial Times señala que el mercado de inversión en ESG está alcanzando su estado de madurez y se podría convertir en una víctima de su propio éxito. “Pronto estaremos en una etapa en la que la relación entre ESG y el rendimiento será negativa, como lógicamente debería ser”, afirma Abrahan Lioui, profesor de finanzas en la Edhech Busniess School y experto en estrategias de inversión y su impacto en el medioambiente.

 

 

El estudia señala que, aunque en un primer momento los inversores han podido beneficiarse del interés de las compañías por ser más sostenibles, es probable que, ahora, las empresas tengan que incurrir en costes para tratar de mejorar sus puntuaciones en términos sociales y medioambientales, lo cual se traducirá en una menor rentabilidad a largo plazo.

 

Además, apunta que la estrategia de ESG puede funcionar como una burbuja en los mercados, subiendo el rating de empresas sin que su rentabilidad haya mejorado. Aun así, el estudio no desecha del todo las inversiones con el foco en la sostenibilidad, sino que apunta que han de practicarse teniendo en cuenta en retorno para los inversores.

 

A pesar de que las inversiones centradas en los estándares de ESG puedan perder atractivo, un informe de Deloitte publicado el pasado abril afirma que representarán la mitad de todos los activos gestionados profesionalmente para 2024. Sin embargo, la compañía apunta también a un cambio de tendencia por el cual las inversiones sostenibles dejarán de ser un elemento diferenciador para convertirse en un elemento estándar para tener en cuenta en el proceso de toma de decisiones.