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15 Dic 201711:38

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China, quince años en la OMC: cómo el nuevo orden mundial aceleró la moda

Los expertos coinciden en que esta adhesión intensificó la globalización del textil y consolidó el modelo de negocio de la gran distribución.
16 Dic 2016 — 10:57
S. Riera
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China, quince años en la OMC: cómo el nuevo orden mundial aceleró la moda

 

Todo empezó un 1 de enero de 2002. El actual negocio de la moda no sería el mismo si China no hubiera ingresado en la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace quince años. Pese a que la gran distribución ya había dado sus primeros pasos y la globalización había sentado sus bases, la entrada del gigante asiático en este club consolidó este modelo de negocio y aceleró su expansión global en sus redes comerciales y de aprovisionamiento. Ahora, China reivindica el estatus de economía de mercado, una consideración que seguiría beneficiando a sus exportaciones.

 

China obtuvo el visto bueno de los socios de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en diciembre de 2001, pese a su recelo. Fueron muchos años previos de negociaciones antes de dar este paso. Para un órgano internacional que tiene como principal misión preservar las reglas del juego en el comercio internacional, la adhesión de China introducía muchas incógnitas por la magnitud de su economía intervenida. 

 

Los expertos sostienen que el impacto más radical de la entrada del gigante asiático a la OMC fue a nivel jurídico, para redefinir de nuevo el tablero de juego en el comercio internacional. Sin embargo, en el ámbito de los negocios, el sector sobre el que tuvo un mayor impacto fue en el textil. 

 

 

El ingreso de China se produjo a las puertas del fin del Acuerdo Multifibras, firmado treinta años antes por los integrantes del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (Gatt) (embrión de la futura OMC) y que ponía fin en 2005 a las cuotas a la importación de artículos textiles. Esta adhesión supuso un cambio de escenario en el negocio de la moda que propició el desarrollo de redes globales de distribución y aprovisionamiento.

 

“Si China no hubiese entrado en la OMC y se hubieran mantenido las restricciones, hubiese habido un efecto de contención sobre la gran distribución, que hubiera ralentizado su desarrollo”, explica Salvador Maluquer, responsable de las relaciones internacionales en el Consejo Intertextil Español (CIE) durante la primera década del 2000. 

 

Según el experto, el retail en moda no se hubiera extendido con la rapidez y fuerza con que lo hizo de no haber incluido al gigante asiático en la liberalización del comercio global. “Para montar estas redes globales necesitas una libertad de movimiento de grandes volúmenes de mercancía a través de muchos territorios que quince años atrás era impensable”, asegura.

 

 

Díaz sostiene que, en las negociaciones, la Unión Europea prefirió sacrificar su industria textil en Europa para tener más fuerza en otros sectores más avanzados tecnológicamente. “Las empresas textiles eran conocedoras del nuevo escenario, pero no estaban preparadas para su magnitud”, asegura. “Fue la tormenta perfecta para el textil español y del sur de Europa y no hubo contrapartida, ni siquiera se respetaron las reglas del juego”, recuerda Díaz, quien apunta que en España, en estos quince años, se ha destruido la mitad de la industria del sector.

 

Según Díaz, el proceso de aceleración de la globalización en la industria de la moda se ha terminado, pero el modelo que hizo competitiva a la industria china del textil se ha exportado a otros países del sudeste asiático, que continúan compitiendo con las mismas cartas que lo hacía China quince años atrás. “La contrapartida que ofreció China al resto de socios de la OMC fue su mercado de consumo, pero esta apertura, a la práctica, ha sido parcial y, en consecuencia, el pacto fue desequilibrado”, señala Maluquer.

 

Hacia la economía de mercado

Esta semana, China ha vuelto a reivindicar en el seno de la OMC que se le conceda el estatus de economía de mercado. Esta categoría, que quince años después de su ingreso, todavía no ha conseguido, le otorgaría más privilegios dentro del organismo internacional. “China busca el crédito de la decepción, es decir, avanzar en el sí a fuerza de recibir un no detrás de otro”, asegura Maluquer.

 

De obtener este estatus, uno de los privilegios que se otorgaría a China sería un recálculo a su favor de las trabas antidumping. Y de hecho este es uno de los caballos de batalla del Gobierno de Pekín, ya que hay muchos países que someten aún a sus exportaciones a tasas para compensar el dumping (venta por debajo del precio de coste).

 

Sin embargo, el nuevo escario político en Estados Unidos y la Unión Europea no juega a favor de China, según los expertos. El auge de gobiernos de derecha proteccionista enfría las pretensiones de China por lograr la categoría de economía de estatus, que beneficiaría aún más sus exportaciones.

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