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Especial 2021: el año en que la cadena se rompió

2021, el año en que la moda se vistió de ropa vieja

La legislación hace imperativo un cambio de modelo de vender mucha ropa nueva cada semana, que al final de su vida termina en vertederos. Las plataformas especializadas aprovechan el viento de cola para crecer, OPV mediante.

I.P.G.

30 dic 2021 - 04:55

 

 

 

“Compartir siempre está de moda”. Esta declaración de intenciones (y el éxito de música disco Sing it Back como banda sonora) encabezaba la última campaña de otoño de H&M en televisión. Es quizás la prueba más evidente de que la segunda mano, la reventa y el alquiler son hoy una prioridad creciente para la industria de la moda. Si, hasta ahora, la entrada en este tipo de modelos por parte de los gigantes era más bien testimonial, ahora la legislación aprieta y los deadlines se acumulan en los próximos años.

 

El alquiler, la suscripción o la reventa son fórmulas que permiten alargar la vida de la ropa y que entroncan con los principios de un modelo circular, el único que permitiría a la moda seguir creciendo en volumen bajo unos estándares más sostenibles. También permiten a las marcas deshacerse de su stock de una manera más responsable (y rentable) que las tradicionales (incineración y venta a precio de saldo en países en vías de desarrollo, entre otros).

 

El textil es uno de los seis sectores prioritarios de la Estrategia Española de Economía Circular, aprobada en junio de 2020 y que tiene como horizonte 2030. En Europa, sólo la mitad de la ropa se destina a la reutilización y el reciclaje. España, junto con Italia y Países Bajos, es el país que más ropa desecha, reciclando sólo el 1% de todos los residuos.

 

En Estados Unidos, el mayor mercado de consumo para la moda, un 65,2% de los residuos textiles terminan en vertederos, un 18,7% se incineran y sólo un 14,5% se reciclan, según datos de la Agencia estadounidense para la protección medioambiental (EPA, en sus siglas en inglés). 

 

 

 

 

Pero esto tendrá que cambiar: en 2025, en España será obligatorio disponer de un esquema de recogida separada y gestión del residuo textil, lo que permitirá también a la moda abastecerse de materia prima para reciclar. La estrategia comenzará a articularse a través del Plan de Acción de Economía Circular, aprobado por el consejo de ministros en mayo de 2021. 

 

El plan, con un presupuesto de 1.529 millones de euros, comprende 116 medidas que se pondrán en marcha entre 2021 y 2023 para “apoyar y consolidar de manera progresiva el despliegue de un modelo económico circular y descarbonizado”.

 

Las medidas se estructuran en torno a ocho ejes de actuación: producción, consumo, gestión de residuos, materias primas secundarias y reutilización de agua, sensibilización y participación, investigación, innovación y competitividad, y empleo y formación.

 

El deadline más acuciante es, sin embargo, el de la Ley de Residuos cuyo anteproyecto se presentó en 2020 y que forma parte también de la estrategia circular del Gobierno. La normativa, que no se prevé que entre en vigor hasta la próxima primavera, contempla una amplia batería de medidas para la industria textil que obligarán a cambiar el modelo actual de usar y tirar.


 

Ofensiva de marcas y platafomas


La lista de operadores que han entrado en modelos como el alquiler, la segunda mano o la suscripción es larga, heterogénea y creciente. Aunque la moda se comparte, se regala y se revende casi desde la misma creación del sector, no ha sido hasta la irrupción de la sostenibilidad en la agenda de los gigantes que este tipo de servicios se han profesionalizado y expandido de la mano de los grandes operadores del sector, muchos contrarios al principio a ellos.

 

Los datos avalan este fenómeno: en 2030, el negocio de la reventa de prendas de moda será el doble de grande que el mercado actual del fast fashion en Estados Unidos, según un informe realizado por GlobalData y la plataforma ThredUp, especializada en este modelo.

Para 2030, se espera entonces que el negocio de la segunda mano en Estados Unidos ascienda a 84.000 millones de dólares mientras que el fast fashion llegará a 40.000 millones de dólares. En 2019, esta categoría generó 36.000 millones de dólares.

 

 

 

 

Por ahora, buena parte del sector se concentra en transacciones de consumidor a consumidor (C2C, en sus siglas en inglés): en el último año, alrededor de 118 millones de personas revendieron ropa por primera vez, y el 76% de los consumidores que han comprado ropa de segunda mano en el último año aumentarán su gasto en el próximo lustro. El confinamiento, que enfrentó a los consumidores a armarios llenos de ropa casi sin estrenar, fue un revulsivo para la tendencia, pero el empuje se ha mantenido.

 

Desde eBay, pionera en el sector (fue fundada en 1995), han nacido multitud de compañías que se especializan en la reventa entre particulares únicamente de ropa y complementos como Vinted, Poshmark, ThredUp, The Real Real o Vestiaire Collective, muchas de ellas dedicadas al sector del lujo, uno de los más populares en los mercados de reventa porque sus artículos no se devalúan, sino que ganan valor.

 

Más allá del lujo, el éxito de estas plataformas reside precisamente en dar una pátina aspiracional a la moda de segunda mano, como en su día plataformas como Veepee o Showroomprive hicieron con los stocks. Comprar moda usada, que tradicionalmente se adquiría por kilos en tiendas abarrotadas de mercancía, es hoy una experiencia similar a hacerlo en la plataforma online de una marca.

 

 

 

 

Con la entrada de las compañías del sector en este campo, muchos de estos grupos han lanzado nuevas líneas de negocio destinadas al canal profesional, gestionando los servicios de segunda mano de terceras marcas, lo que les ha permitido ganar volumen a pasos agigantados. Varios de ellos han aprovechado este empuje para dar el salto al parqué en el último año.

 

ThredUp, especializada en lo que se ha definido como resale-as-a-service (RaaS), dio el salto al parqué en marzo con una valoración de 1.300 millones de dólares. La compañía, fundada en 2009 y con sede en San Francisco, trabaja con empresas como Walmart, H&M o Abercrombie&Fitch.


En el tercer trimestre de su ejercicio 2021, la compañía facturó 63,3 millones de dólares, un récord en la historia de la empresa. El número de compradores activos (1,4 millones) y de pedidos en el periodo (1,3 millones) también alcanzó máximos, incrementándose un 14% y un 28%, respectivamente, respecto al mismo trimestre de 2020. El capital levantado en bolsa también sirvió al grupo para crecer de forma inorgánica y comprar la plataforma europea Remix, que le servirá de palanca para dar el salto a Europa.

 

Rent the Runway, especializada en alquiler de prendas de diseñador, se estrenó en Wall Street en octubre con una valoración de 1.700 millones de dólares. La empresa, fundada en 2009 y respaldada por Bain Capital Ventures y Ares Management, está sufriendo para regresar a niveles de facturación previos al Covid-19, ya que buena parte de su negocio se fundamenta en eventos sociales y ropa para ir a la oficina.

 

La compañía cerró el tercer trimestre de 2021 con menos usuarios activos que hace dos años, con una facturación de 59 millones de euros (no ofreció comparativa con 2019) y con unas pérdidas de 87,8 millones, el doble que el año anterior.

 

 

 

 

Otra empresa de segunda mano que ha dado el salto al parqué en los últimos doce meses es Poshmark, especializada en segunda mano con un modelo de marketplace. La empresa comenzó a cotizar en enero, con una valoración de más de 3.000 millones de dólares. En el tercer trimestre, el grupo creció por debajo de lo previsto, con un aumento interanual del 16%, hasta 79,7 millones.

 

El volumen de operaciones corporativas en el segmento es otra prueba de su buena salud. En junio, el marketplace Etsy compró Depop, una plataforma de reventa basada en Londres y muy popular entre las generaciones más jóvenes, por 1.600 millones de dólares.

 

Algunos grupos de distribución también han optado por las compras para entrar en este canal: la brasileña Lojas Renner, uno de los mayores distribuidores de moda del país, compró en julio la start up de moda de segunda mano Repasssa, fundada en 2015, y en diciembre, Farfetch, especializada en la venta de artículos de lujo a través de la Red, compró la plataforma Luxclusif. 

 

El lujo ha sido uno de los segmentos más activos en este tipo de modelos. Sólo en el último año, compañías como Alexander McQueen, Gucci o Escada han estrenado servicios de reventa o alquiler. El caso de Gucci es de los más ambiciosos: la estrella de la cartera del grupo Kering lanzó en septiembre una plataforma, Vaut, en la que vende piezas vintage, artículos de segunda mano y modelos icónicos en packs numerados.

 

 

 

 

Escada, por su parte, ha introducido en España su servicio de alquiler de la mano de la plataforma Pislow, con la que también trabaja Tous y que cuenta con más de 6.000 suscriptoras. Alexander McQueen, propiedad de Kering, también se ha introducido en segunda mano con Vestiaire Collective.

 

Otro de los sectores más activos en la reventa es el deporte: como en el caso del lujo, en muchos casos se ha tratado de una herramienta defensiva, ya que artículos como las zapatillas deportivas están entre los más deseados en las plataformas de segunda mano. Nike, por ejemplo, aprovechó la fiebre de las sneakers para lanzar en abril el proyecto Nike Refurbished, con el que recupera calzado usado, lo reacondiciona y lo revende en su página web.

 

Lululemon también anunció ese mismo mes el lanzamiento de Like New, un programa de reventa de ropa de segunda mano que, por el momento, sólo está disponible en California y Texas; JD Sports se alió con Sole Responsability para vender zapatillas “ligeramente dañadas” que no sean aptas para venderse en tiendas de la compañía, y Adidas saltó a la reventa de la mano de ThredUp.

 

 

 

 

En la gran distribución, los ejemplos son cada vez más numerosos. En los últimos doce meses, H&M puso en marcha una prueba piloto de venta de segunda mano en la tienda online de la cadena &Other Stories y entró en alquiler de ropa infantil con su concepto Arket. La prueba con &Other Stories se realizó de la mano de Sellpy, una plataforma sueca fundada en 2014 y participada por la compañía liderada por Helena Helmersson.

 

Kiabi también se apoyó en un proveedor externo para abordar este modelo. La compañía francesa ha lanzado durante el último año una plataforma de ecommerce de la mano de la compañía Patatam, con la que abrirá unos 25 espacios físicos en España, Francia, Italia y Bélgica. La misma empresa tiene también una alianza con Carrefour y prevé abrir durante el próximo año unos cien establecimientos en España.

 

Otra compañía que ha apostado por la segunda mano ha sido Zalando. El grupo acepta ropa de más de tres mil marcas y los clientes pueden enviar hasta veinte productos por paquete, aunque siempre deben estar en condiciones de “como nuevo”. 

 


Nuevas materias primas


Aunque la segunda mano es un primer paso, la última barrera para la circularidad es el reciclaje completo de los residuos tanto industriales (durante el proceso de fabricación y procedentes de excedentes), como posconsumo, es decir, recoger la ropa usada, procesarla, separarla y dar una nueva vida a sus fibras.


Gigantes como Inditex o H&M ya cuentan con contenedores de recogida de prendas en sus establecimientos y la mayoría de operadores se han marcado objetivos en términos de uso de materiales reciclados. En el último año, el grupo gallego adelantó las fechas límite para este plan, fijándose que el 100% de algodón sea “más sostenible” (reciclado, orgánico o BCI) para 2023, dos años antes de lo anunciado. Para 2025, aspira a que  todo el poliéster y lino sean 100% reciclados o sostenibles.

 

Pese al avance de la producción de fibras más sostenibles, circularidad es la gran tarea pendiente: sólo el 0,5% del mercado mundial de fibras en 2020 fue producido a partir de textiles reciclados tanto industriales como posconsumo, según datos de Tex