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Me matas

26 abr 2010 - 00:00

Para las próximas temporadas, la tendencia de la piel pálida y el pijama de rayas se impondrán en parte de la alta suciedad política de este país. De momento, los abogados de los imputados por corrupción toman notas de estilismo para presentar a sus clientes con la mejor imagen posible ante la justicia (no, en este caso Anna Wintour no actúa como juez).Tranquilo, relajado e impoluto con su traje. Así aparecía Jaume Matas, ex presidente balear y ex ministro de Medio Ambiente, a declarar ante José Castro (el juez, no el diseñador). Como si tal cosa se dirigía a explicar el presunto desvío de más de 50 millones de euros del fondo público. Claro, que digo yo, que cualquiera caminaría con esa seguridad por el mundo si supiera que, en menos de una semana, puede reunir tres millones de euros para pagar su fianza. Imputado por siete delitos de corrupción por el caso Palma Arena, su mujer, Maite Areal, también metida en el lío, lo acompañaba vestida de modo más informal, pero con el Louis Vuitton colgado del brazo. El lujo y la ostentación del matrimonio fue uno de los motivos que llevaron a destapar el supuesto caso de corrupción. Infinidad de carísimos inmuebles que Areal, supuestamente, se apresuraba a decorar con bolsos, pares de zapatos de las mejores firmas y joyas valoradas en miles de euros que pagaba al contado.Un error (no me refiero al de la supuesta corrupción sino al de lucir pasividad y bolso de firma) que también cometieron el presidente y la alcaldesa de Valencia, Francisco Camps y Rita Barberá. La regidora, de rojo pasión de pies a cabeza (seguramente, el blanco u otra tonalidad más cálida en su indumentaria hubieran sido una mejor opción para transmitir transparencia y sinceridad), apoyó a Camps a la salida del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. El presidente había prestado declaración por el caso Gürtel; presuntamente se le acusaba de haber aceptado regalos, trajes Milano, y créanme, no me sorprendería descubrir que el líder popular valenciano acudiera a su cita con la justicia, con uno de los estilismos sin ticket de compra que le metieron en todo este embrollo. Sugiero la idea porque el complemento de Barberá, en esa ocasión, era también un Louis Vuitton (precioso, por cierto). El bolso podía tratarse de otro regalo de Navidad por parte de El Bigotes, uno de los principales imputados en la trama de corrupción que afecta al PP. “Estoy en Louis Vuitton porque llevamos cuatro años regalándole una cosa a la alcaldesa y este año no voy a dejar de regalarle algo; no nos da nada, no nos sirve de nada, pero tampoco me jode”, comentó en una conversación El Bigotes, según el sumario del caso Gürtel. “Le voy a comprar un bolso de la colección nueva y a tomar por culo, me voy a gastar menos que el año pasado”, sentenció.Si por tales fallos de imagen, a priori, cualquiera podría declarar culpables a los dos casos anteriores, verán que con los ejemplos siguientes las tornas cambian. Pues, ¿recuerdan a Félix Millet? El responsable durante 30 años del Palau de la Música, o presuntamente el Madoff catalán, prefirió colgar sus modelos más elegantes para ir a saludar al señor juez y así, ofrecer una estampa que incitaba, incluso, a la comprensión. Para su primera vez, tonos marrones en su pantalón y en su americana retro de cuadros y ni rastro de su corbata. Para su última cita, aparecía con unos cuantos quilos menos (del disgusto, supongo) y la barba sin afeitar de días. Pero para conmoción pública la generada por la imagen de los detenidos en la Operación Pretoria. Cargos e históricos militantes de varias localidades de Barcelona, tanto del PSC como de CIU, imputados en este caso de corrupción urbanística, fueron captados a su entrada en la Audiencia Nacional esposados y con todos sus enseres en grandes bolsas de basura azules. Pese a los 45 millones de euros de supuesto botín, la fotografía enternecía al público. Sin duda, la mejor campaña de limpieza de imagen ante los medios de comunicación y los juicios de telediario: de villanos pasaron a ser víctimas. Y me pregunto, si el delincuente común se cuida y mucho de presentarse ante la justicia aseado a sabiendas del poder de la imagen, ¿por qué el político corrupto de turno no se sacude los millones antes de entrar al matadero? Muy listos para unas cosas pero para otras… Patrycia Centeno es periodista, especializada en Política y Moda Politicaymoda.com