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24 Nov 201703:02

Isak Andic y unas goteras, de visita en Paseo de Gracia 36

Sábado. Seis de la tarde. La calle más lujosa de Barcelona y una de las principales de España. El grupo de distribución de moda Mango vive el primer fin de semana del que se ha convertido en su mayor y más representativo establecimiento del país, ubicado en el número 36 de Paseo de Gracia. La tienda tiene dos invitados especiales: Isak Andic (junto a toda su familia) y unas molestas goteras.

 

Dicen que Amancio Ortega visita personalmente sus tiendas más emblemáticas. De hecho, cuando en febrero de hace un año Zara puso en marcha su flagship store de la Quinta Avenida de Nueva York, el fundador de la compañía visitó la tienda. Eso sí, el día siguiente de la inauguración oficial, cuando los flashes de la prensa se hubieron alejado.

 

Algo así hizo Isak Andic, propietario de Mango, el pasado sábado. La tienda del número 36 de Paseo de Gracia abrió sus puertas a mediados de semana. El empresario aprovechó la tarde del sábado para hacer una visita, vestido con jersey morado, pantalón blanco y calcetines perfectamente conjuntados (también morados, claro).

 

Los dependientes de la tienda estuvieron de lo más simpático durante toda la tarde, algo que, a priori, extraña en un local de un grupo de gran distribución. Quizás estaban avisados de la visita del jefe, o quizás son las nuevas directrices marcadas por la compañía.

 

Cuando Isak Andic se acercó a las cajas registradoras (después de haber hecho un repaso con la mirada a todo el local e incluso a la arquitectura del edificio, de su propiedad, por cierto), las dependientas comenzaron a ponerse nerviosas. “¿Tenéis visita importante, no?”, les pregunté. A lo que ellas contestaron: “Si, y además tenemos un pequeño problema”.

 

A la izquierda de las cajas, unas gotas de agua caían incesantemente sobre el suelo. Todos (incluido Isak Andic) miraban al techo como pensando: “¿Cómo puede pasar esto en un edificio recién renovado?”. Un expositor lleno de complementos fue colocado estratégicamente para que una dependienta pudiera recoger el agua con una fregona con discreción.

 

Pero las goteras no paraban y la tienda seguía llena de compradores. Durante algunos minutos las luces del establecimiento llegaron a ser apagadas, aunque la música y la gran pantalla de vídeo que corona el local seguían funcionando. Y los clientes, comprando (a oscuras).

 

La encargada de la tienda tuvo una tarde ajetreada. Además de atender la visita de Isak Andic y hacerse cargo de las goteras con mucha profesionalidad, también debió recibir a otro peso pesado de la compañía: Isak Halfon, que también decidió irse de shopping a la nueva tienda.

 

Como dirían en la televisión, son cosas del directo. El primer día (o semana) de una tienda puede ser complicado, y más si está situada en un edificio tan histórico como el de Paseo de Gracia 36, antigua sede de Banco Sabadell.

 

Con este bautizo, Mango da por inauguradas las compras en su nueva tienda. De hecho, yo misma compré (y más de lo que debía).

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