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15 Dic 201715:33

Zapatero, la moda y los funcionarios

Desde el inicio de los tiempos, el comerciante ha tenido que hacer frente a un sinfín de cuestiones a la hora de encarar su negocio. Desde el público al que va dirigido a la forma en que le ofrece su cartera de productos, pasando por la política de precios y la estrategia respecto a la competencia más directa. También ha estado, desde siempre, sujeto a los vaivenes de la coyuntura económica y social.

Con el desarrollo de la tecnología y los medios de comunicación, esta adaptación constante se convierte en una dictadura para aquel que quiere llegar a sus clientes de forma eficiente, ofreciendo un producto que les interese y que se adapte a los cambiantes patrones de consumo. También cambia el propio canal. Como decía Marshall McLuhan, el medio es el mensaje, y léase aquí la importancia que han ganado, en sólo unos años, las plataformas de venta online tanto multimarca como de las empresas más tradicionales. Privalia, BuyVip, Vente Privee, Yoox y Net-a-Porter son sólo algunos ejemplos.

La velocidad de las decisiones es todavía más alta, si cabe, para los comerciantes del sector de la moda, que al menos cada seis meses deben elegir los diseños que intuyen que van a tener más éxito entre sus potenciales compradores. El dilema es tan duro para el multimarca tradicional como para la gran cadena de moda, que debe pensar a meses vista cómo se comportará su clientela ante el azul marengo o intuir la tonalidad del gris que más apetecerá llevar a sus consumidores en la siguiente temporada.

Y después va y cambia todo, y se da la vuelta, y vuelve a empezar. Aparece una crisis como la que estamos viviendo y se activan aquellos mandatos que describió Charles Darwin para la selección de las especies: los más adaptados a un entorno climático pueden ser, también, los más vulnerables a un cambio de temperatura. En moda, fenómenos como el low cost, con destacados protagonistas en el mercado español como Primark, Kiabi, Lefties y Deichmann, por no hablar de los innumerables outlet aparecidos en las principales ciudades, triunfan gracias este cambio de entorno. Pero el terremoto también afecta en las esferas más altas, con una limpieza de las marcas del lujo y las innumerables gamas medias altas, en los casos en que se intentaba vender gato por liebre.

Todo es una vuelta a empezar para el comerciante, que por supuesto debe hacer frente a costes fijos e inversiones extraordinarias con las que mejorar su negocio. Esta vez, además, con menos acceso al crédito o con préstamos mucho más caros.

Y los cambios siguen y siguen, ahora con la entrada en escena del propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que plantea medidas que desde hace tiempo o nunca se habían realizado. En el back office de muchas cadenas de moda ya se ha decidido que la subida del IVA quedará asumida por ellos, a pesar de que la ropa y el calzado llevan más de un año contribuyendo, mes a mes, a la contención de los precios en el conjunto de la economía española.

“No puedo repercutir en el cliente un aumento de los impuestos mientras mis competidores bajan sus precios”, pensarán muchos, aunque algunos no podrán ser consecuentes con esta consideración.

¿Otra vuelta de tuerca? Cómo no. Ahora, una rebaja en el sueldo de los funcionarios. España no quiere ser Grecia, afectada por una crisis de credibilidad que amenaza con llevar al país a la bancarrota, y ha decidido actuar de una forma enérgica. La semana pasada, Zapatero anunció entre otras cosas un recorte del 5% en la retribución de los trabajadores públicos, un colectivo de más de tres millones de personas.

A pesar de que se trata de una cifra nada desdeñable de consumidores, se desconoce de la existencia de un estudio sobre la importancia de este colectivo para el sector de la moda, o sobre sus patrones de consumo, es decir, si les gusta más el cerúleo o el caqui, pero está claro que forman una buena porción del pastel del mercado. ¿Comprarán menos ropa y calzado, o pospondrán las compras de complementos por esta reducción de sus salarios?

Más de cuatro millones de parados y más de tres millones de trabajadores con una reducción de sueldos a la vista (por no hablar que el impacto que esta medida puede tener en las políticas de sueldos del sector privado). Con la certeza de que los cambios no termina aquí y de que llegarán más temprano que tarde, ¿quién se atreve ahora a ser comerciante?

Mucha suerte, valiente tendero. Y acierte en sus decisiones, más le vale.

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