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24 Nov 201708:58

Pan para hoy, hambre para mañana

 

La moda española está a punto de cerrar su primer año en negativo desde 2013. El descenso acumulado hasta octubre, del 3,6%, es mucho más que un número, mucho más que un aviso: es una alerta roja.

 

Con la euforia todavía de un 2015 que puso fin a siete años de crisis, el sector arrancó 2016 con un nuevo descenso, del 5,3%. La culpa, dijeron empresarios y patronales, fue del clima y la falta de Gobierno.

 

En febrero, la caída se moderó. El frío había llegado por fin, pero la inestabilidad seguía planeando, dijeron, así que el descenso fue de sólo el 0,7%. La tónica continuó en los meses siguientes, acelerando la caída casi cada mes salvo en junio, cuando las rebajas reanimaron el sector con una subida del 6,5%.

 

Pero, después, el descenso continuó de nuevo. Y, en septiembre, pese al impulso de la vuelta al cole, el sector retrocedió un 5,9%. Pero no hubo gabinetes de crisis, sino todo lo contrario. Algunos empresarios de la moda se mostraban optimistas porque todavía estaba por llegar una jornada (varias, para ser más precisos) que venía por segundo año desde Estados Unidos con capa de superhéroe para salvar el sector: el Black Friday.

 

La moda española se enfrenta a su primer descenso desde 2013 y la mayor caída en cinco años y, para solucionarlo el sector se ha lanzado en masa a adoptar de manera desenfrenada toda jornada de descuentos que se ha puesto de moda en el planeta. 

 

El Black Friday se ha convertido en diez días de rebajas, las Mid Season Season Sales se sobreponen con las ventas privadas y hasta el Single’s Day, un invento del Gobierno chino nacido como contraposición al día de San Valentín, ha encontrado su hueco en España donde, por supuesto, se festeja también el día de los enamorados, los ocho días de oro, la semana fantástica y todo lo que usted se pueda imaginar que suene extraordinario y lleve aparejada una promoción donde el porcentaje de descuento ocupe más que la ropa.

 

El mismo sector que culpó al low cost de sus problemas y que lleva años criticando la guerra de precios es el que ahora se aferra a los descuentos como un clavo ardiendo para conseguir salvar un año que, salvo milagros, será para olvidar.

 

Visión cortoplacista. Pan para hoy, hambre para mañana. No se hará usted rico jugando a la ruleta de “esto es lo que está de moda” como no se hicieron ricos los emprendedores que pusieron en marcha sin mucha experiencia tiendas de compro oro con la crisis, ni las miles de adolescentes que abrieron una bitácora esperando ser Chiara Ferragni.

 

No se equivoquen. Las escandalosas ventas del Black Friday no son gratuitas, las estrategias cortoplacistas nunca lo son. Hoy pueden disparar la facturación del trimestre, sí, pero vender al 50%  supone una reducción de los márgenes insostenible. 

 

Hace unos meses, un empresario del sector nos comentaba, en nuestra opinión con gran acierto, que al consumidor es muy difícil quitarle lo que ya se le ha dado. Es fácil que el cliente se acostumbre a pagar diez euros por un pantalón vaquero por el que antes pagaba cien, pero es mucho más complicado que vuelva a habituarse a desembolsar diez veces lo que le cuesta hoy la prenda.

 

Hoy, la moda española está acostumbrando al cliente a que comprar full price es de bobos y se está engañando a sí misma al pensar que, si en noviembre las ventas repuntan, es que las cosas no van tan mal.

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