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17 Nov 201713:29

Moda marca España: un aplauso y algunas preguntas incómodas

 

Unas etiquetas con la palabra Oro Plus identificarán próximamente los productos de las empresas españolas de moda que cumplan con una serie de compromisos y prácticas y que, además, fabriquen sus productos en España. El Oro, a secas, será para las españolas que produzcan fuera. Este es el primer resultado práctico de la iniciativa Modaespaña, que fue presentada el pasado jueves en un acto inédito en el que participaron hasta seis patronales.

 

En primer lugar, queremos dedicar un sonoro aplauso a los impulsores de una iniciativa que, por fin, implica a casi todos los representantes patronales del sector de la moda en España. Como medio especializado en este negocio, defendemos con vehemencia las iniciativas que busquen dinamizar el sector, ponerlo en valor y unir fuerzas. Es especialmente apreciable que la Confederación de Empresas de Moda de España haya conseguido implicar a seis patronales, ¡incluido el comercio y los diseñadores! En este mismo sentido, por cierto, no podemos dejar de notar la ausencia del textil de cabecera, representado por el Consejo Intertextil Español (CIE) o de Texfor. Confiamos en que se pueda corregir a futuro.

 

Las nuevas etiquetas, como explicábamos, representan el primer paso visible que da la campaña Modaespaña, que presentaron en julio de 2011 Ángel Asensio, entonces presidente del CIE, junto a sus homólogos en la Agrupación Española del Género de Punto (Aegp), Juan Canals, e Interbrand en España y Latinoamérica, Gonzalo Brujó. Han tenido que pasar tres años, durante los cuales el CIE se ha roto con la salida de los representantes del producto acabado y en los que se ha creado la nueva Confederación, para que la campaña Modaespaña signifique algo más que el logotipo creado por Interbrand en amarillo sobre negro.

 

¿Para qué sirven estas nuevas etiquetas? ¿El primer fruto que ha dado el trabajo conjunto de las patronales avanza en la dirección adecuada? Sintetizando, el propósito de las etiquetas es conseguir que el consumidor, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, conozca y valore las marcas de moda de España por ser españolas. Porque España, hecho en España o made in Spain son ideas que tienen algún valor.

 

Las premisas no son desde luego irrefutables y nos permitimos hacernos algunas preguntas, con vocación constructiva: ¿le importa al consumidor dónde se ha hecho una prenda, dónde se ha diseñado o dónde se ha fabricado? ¿Y está España en situación de ser deseable per sé? No creemos que las respuestas sean obvias.

 

Francia e Italia han construido sus Made in a partir del trabajo de sus empresas a lo largo de décadas, de nombres como Chanel, Dior o Yves Saint Laurent en el caso del mercado galo, o de Armani, Valentino, Prada o Versace, en el italiano. El hecho está en que, salvo algunas destacadas excepciones, nuestros apellidos no juegan en esta liga internacional del lujo. No es lo nuestro. Pero, ojo, en España sabemos de retail, con estandartes como Inditex y Mango, verdaderos líderes mundiales de la distribución de moda, y que por cierto han huido del corsé del Made in. De hecho, en el imaginario de los consumidores la suma de Moda y España da como resultado Zara, Mango y Desigual, y así lo certificaba el informe que en su día presentó Interbrand.

 

Aún siendo una idea acertada, el éxito de las etiquetas vendrá condicionada por la difusión y repercusión que obtengan. Y aquí entran en juego los grandes grupos de distribución: sin ellos, que representan como ninguna otra cosa el modelo español de empresa de moda, las etiquetas no tendrán la difusión que necesitan para tener éxito.

 

¿Y qué presupuesto logrará la iniciativa? Además de imprimir etiquetas, también contempla otros elementos, como displays en puntos de venta y la realización de material gráfico para la participación en ferias. Todo esto cuesta dinero y el papel de las grandes empresas será fundamental.

 

Por otro lado, la consolidación de la iniciativa en España dependerá de la complicidad del ciudadano español, que si se caracteriza por algo es por su escaso amor propio, en el sentido de estar orgullosos de nosotros mismos. Pocas veces lo hecho en España ha tenido reconocimiento popular en el propio país: “¿Un coche Seat? Mejor un Volkswagen, que es alemán”. España no soporta el chauvinismo de los franceses, pero tomamos la actitud contraria porque carecemos de esta voluntad de acérrima defensa a lo que es nuestro.

 

Y, fuera de España, no es ningún secreto que la imagen de la marca España cotiza más bien a la baja. Efervescencia de la corrupción política y empresarial (desde las tarjetas black a Gowex, la operación Púnica o el caso de los ERE), problemas territoriales mal abordados por todos (o deliberadamente azuzados por intereses políticos cortoplacistas), parados que se cuentan por millones, aeropuertos donde no hay aviones, la chapuza de la opa de Aena… Desde luego, atendiendo a la actualidad, la moda española no tiene precisamente un aliado en la vida pública española.

 

Nuestra última duda tiene que ver con la verdad y la autenticidad. Los promotores de la etiquetas vigilarán que las empresas que la utilicen gestionen sus negocios de manera ética y sostenible. La Confederación no auditará a las compañías, pero sí les hará firmar una declaración jurada de que cumplen con unos estándares de calidad. ¿Qué pasará si alguien incumple esta suerte de código de conducta? ¿Quién lo vigilará? ¿Quién pagará al vigilante?

 

Concluiremos expresando una única certidumbre: si las nuevas etiquetas Modaespaña tiene posibilidad de tener éxito y convertirse en un revulsivo para el sector, sólo lo conseguirán si se basan en un compromiso serio con la transparencia.

 

La transparencia empresarial (de cuya ausencia podemos dar buena fe en muchos casos) en el uso de las etiquetas y lo que significan traerá credibilidad. Y, tal vez, esta credibilidad lleve al prestigio que la moda española merece y quiere reivindicar.

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