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22 Oct 201717:48

Las responsabilidades de Bangladesh

Las magnitudes de la catástrofe ocurrida en una fábrica textil de Bangladesh ha generado en los últimos días un amplio impacto mediático. Las dramáticas imágenes, el número creciente de fallecidos y la relación de nombres de empresas y empresarios españoles implicados de una forma u otra con el edificio maldito son ingredientes que, sin duda, contribuyen a que el tema siga teniendo aún hoy tiempo en los telediarios y los boletines de radio y espacio en la prensa generalista. Pocas veces la industria textil tiene este protagonismo.

 

Como hemos explicado desde Modaes.es en numerosas noticias y reportajes, Bangladesh ha ganado importancia en el aprovisionamiento de la moda internacional en general y de la española en particular. País superpoblado y por desarrollar, con un alto componente rural, que se beneficia de la pérdida de peso de China como fábrica del mundo (concentrada ahora en otros menesteres) y que tiene en el textil el recurso más rápido para su industrialización. Bangladesh es como una historia que se repite.

 

La moda rápida occidental, con España a la cabeza en muchos sentidos, trabaja intensamente con Bangladesh, China, Vietnam, Camboya... Son mercados con sueldos bajos en los que uno puede aprovisionarse barato (que no rápido), como demanda un sistema que abrazan los consumidores de todo el mundo.

 

¿Son responsables las empresas occidentales de que sus proveedores mantengan unas mínimas condiciones de seguridad y bienestar para sus trabajadores? Desde el punto de vista ético, no hay lugar a ninguna duda. Las magnitudes del sistema del fast fashion tienen que hacerlo compatible con esto, aunque lastre los márgenes de las empresas.

 

Las grandes empresas españolas de distribución de moda y sus rivales internacionales han hecho no pocos esfuerzos en este sentido. Códigos de conducta que disuadan a los proveedores de malas prácticas, sistemas de auditoría independientes y eficientes, transparencia real e implicación de los sindicatos son las recetas para que estos esfuerzos vayan en serio. Pero la catástrofe del edificio Rana Plaza de Daca supone una evidencia de que estos esfuerzos, desde el punto de vista ético, no son suficientes.

 

Para el que no le importa la ética, queda la economía. Es evidente que nada sería más definitivo que un boicot mundial a los productos de las empresas que se aprovisionan haciendo uso de mano de obra en condiciones intolerables para que controlasen en serio a sus proveedores del Tercer Mundo. Lamentablemente, esta es una amenaza lejana. Pocos saben y aún menos quieren saber que el capitalismo globalizado perpetúa las desigualdades globales, condenando a los países pobres a la pobreza.

 

Pero el problema puede llegar por otro lado: Bangladesh se ha convertido en un polvorín social. Manifestaciones, revueltas y disturbios están al orden del día de un país clave para el suministro de la moda internacional. También por la seguridad del suministro, a la moda internacional le interesa que haya paz social en aquellos lugares donde se fabrica su ropa, y eso se consigue con ética.

 

En cualquier caso, si hubiera que buscar responsabilidades de la última catástrofe ocurrida en Bangladesh, serían compartidas. Las empresas que trabajaban con los talleres del edificio por no haber llevado sus controles hasta el máximo nivel, los proveedores por permitir que se trabaje en condiciones inseguras y los gobiernos locales por permitirlo.

 

En Modaes.es creemos en la honestidad de los esfuerzos realizados por muchas de las empresas de distribución de moda para el control ético de su sistema de aprovisionamiento, especialmente de aquellas que han abierto sus puertas a entidades sindicales internacionales solventes, como IndustriALL.

 

Condenamos con toda rotundidad a aquellas que, aun haciendo gala de unos benevolentes códigos éticos, no hacen los esfuerzos necesarios, de forma interesada, para su cumplimiento. Emplazamos a las empresas que se esfuerzan a que lo hagan de forma más intensa, dedicándole más fondos al control de su cadena de aprovisionamiento.

 

Condenamos la generalización realizada por algunas entidades y medios de comunicación contra el sistema de la moda. Como no hay que presuponer la honestidad de todos, tampoco hay que hacer lo contrario.

 

Defendemos el potencial de la industria textil para el progreso de las economías subdesarrolladas. Con ética y una buena gestión por parte de los poderes locales, esta industria puede hacer mucho bien a una sociedad. La respuesta no debería ser ahora dejar de producir en Bangladesh y provocar su desertización industrial, lo que dañaría fuertemente a su economía en desarrollo.

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