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18 Dic 201714:34

Bangladesh y Camboya, ‘change the game’

Imagen del derrumbe del Rana Plaza, en Bangladesh

 

Vientos de cambio en el aprovisionamiento. La firme apuesta por la mejora de la seguridad en las fábricas de Bangladesh y la subida salarial a 140 dólares el sueldo mínimo de Camboya son la punta de lanza de una nueva era en las fórmulas de sourcing. Por primera vez en la historia, los grandes operadores internacionales toman un papel activo en mejorar las condiciones laborales, no sólo de sus proveedores, sino de todo un país.

 

La tragedia del hundimiento de Rana Plaza en Bangladesh, en el que en 2013 fallecieron más de 1.100 personas, y los enfrentamientos entre trabajadores y ejército en Camboya, donde perdieron la vida al menos cuatro personas, dieron la vuelta al mundo y pusieron de nuevo en evidencia las condiciones laborales de dos de los principales países proveedores de prendas de vestir para las grandes firmas internacionales. La reputación de los gigantes mundiales de la distribución estaba en juego.

 

En dos hechos sin precedentes, grupos como Inditex, H&M, Asos, C&A, Tchibo y largo etcétera se ponen de acuerdo para actuar de manera conjunta y presionar sobre sus proveedores, pero también sobre los gobiernos de estos países. Los principales players de la moda no temen un boicot por parte del consumidor, sino que les asusta que su imagen se vea comprometida por incidentes de esta categoría, que trascienden cualquier política de RSC.

 

La única manera que han encontrado los grupos internacionales de evitar accidentes de este tipo y, en consecuencia, de poner fin a las consecuencias que conllevan sobre su reputación, es trabajar de manera conjunta e implicar a todos los actores sociales: a la industria de la confección, a los sindicatos y a los gobiernos de cada uno de los países. Nunca, ni en la moda ni en otro sector industrial, se ha llevado a cabo una acción de estas características.

 

En Bangladesh, se han creado dos plataformas empresariales: la Alianza para la seguridad de las fábricas, con 200 empresas, además de sindicatos y ONGs, y el Acuerdo, una fórmula similar que agrupa a las compañías estadounidenses, pero sin sindicatos ni ONGs. Ambos organismos han revisado las fábricas en las que se aprovisionan sus miembros y han captado fondos para financiar sus reparaciones.

 

En Camboya, doce grupos, entre ellos Inditex y H&M, hicieron llegar una carta al Ejecutivo del país asegurando que apoyarían una subida salarial que cubriese las necesidades básicas para que una familia pueda vivir con dignidad. Esta semana, patronal y sindicatos han pactado un nuevo sueldo mínimo de 140 euros. Ahora, aquel grupo de empresas, más otras tres, ha sellado también una alianza con industriales y sindicatos locales para emprender la negociación de un convenio colectivo que ampare a todo el sector en el país.

 

Los casos de Bangladesh y Camboya son el punto de partida de una nueva manera de establecer relaciones comerciales entre los países productores y los países de consumo. La distancia entre unos y otros depende, en parte, de las condiciones laborales y de las perspectivas de futuro de sus ciudadanos. China, que se postula como el principal mercado mundial de consumo de moda en 2019, es ejemplo de ello.

 

No hay vuelta atrás en estas prácticas que los grandes grupos de distribución están ahora desarrollando en estos países. Si llegan a implantarse con éxito, los gigantes de la moda las llevarán consigo a otras áreas productivas en desarrollo, como puede ser África, y pueden llegar a ser locomotoras para el resto de la industria. Liderado por los dos mayores grupos del mundo del sector, Inditex y H&M, este es un cambio de juego adecuado.

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