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19 Feb 201805:45

Modos en el fútbol y la moda

Modos en el fútbol y la moda

 

En estas fechas, han finalizado la mayoría de campeonatos europeos de fútbol. Como siempre, se ha iniciado un proceso de cambios que afectan principalmente a los gestores deportivos (entrenadores) que han tenido la fortuna de no ser cesados anteriormente. En el caso de la liga española, de los veinte entrenadores que la empezaron han sido sustituidos nueve a mitad de la competición (45%) y nueve más de los que han finalizado la temporada no continuarán en la próxima.

 

En la mayoría de casos, estos ceses ya se intuían y han recibido poca atención mediática. Normalmente, las causas aducidas se resumen en unas cuantas frases lapidarias, muy propias del mundo futbolístico poco dado a la imaginación literaria, como:

 

- “No se han cumplido las expectativas iniciales”

- “El equipo necesitaba un revulsivo”

- “Se impone un cambio ya que el proyecto estaba agotado”

- “Hay que afrontar la nueva temporada de manera diferente”

 

En el mundo de la moda está sucediendo algo parecido. La actual fase de recuperación está generando una importante aceleración de los  cambios en las empresas, su capital, con la entrada de nuevos inversores, las estrategias y también en sus gestores o responsables máximos. Así éstos se renuevan con una intensidad no conocida hasta el momento y  proliferan los ceses al estilo de los entrenadores. En muchos casos, el destituido ha estado tan poco tiempo en su cargo que se duda si ha podido hacer algo, bueno o malo, durante el mismo.

 

En la moda, como en el fútbol, las causas son varias. Dejando aparte las incompatibilidades personales o las ineptitudes manifiestas, que también existen, las causas pueden centrarse básicamente en las divergencias entre las expectativas de la propiedad (club) y del gestor (entrenador).

 

El problema viene en lo que esperan unos y pueden realizar los otros. En el caso de los inversores o propietarios, cabe distinguir los que buscan la rentabilidad a corto plazo (resultadistas) y los que apuestan por crear más valor a medio plazo (prospectivos), aunque ambos enfoques se suelen superponer en la práctica.

 

Teniendo en cuenta que en el mundo de la empresa el pasar de lo  proyectado a la realidad siempre lleva su tiempo y que, aun contando con un buen plan de negocio (no siempre) y unos recursos materiales y humanos adecuados (siempre cortos), la implantación de nuevas estrategias comporta pruebas, cambios, errores, rectificaciones, etc. que consumen necesariamente un factor tan importante como es el tiempo.

 

Por otra parte, la acelerada transformación que está sufriendo  el sector de la moda: la irrupción del ecommerce, la omnicanalidad, los cambios generacionales, el surgimiento de nuevos hábitos en el consumidor después de la crisis, la creciente competencia, etc., no propicia un entorno estable en el que tomar decisiones y cuando éstas no resultan como se esperaba se personifica el fracaso en el gestor.

 

En definitiva, estas divergencias se podrían evitar, en parte, si inversores y gestores consensuaran adecuadamente los objetivos y valoraran la importancia del factor tiempo en su consecución.

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