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20 Nov 201701:30

Flores de primavera

 

 

El año 2016 se cerró con expectativas no demasiado optimistas. Si bien la evolución había sido favorable hasta entonces, el crecimiento de la incertidumbre política (elección de Trump, Brexit, auge del populismo en Europa, etc.) y sus consecuencias abrían un periodo más incierto y variable en el que nadie estaba seguro de lo que iba a suceder.

 

En España, se temía que los llamados “vientos de cola” impulsores del crecimiento: petróleo barato, financia abundante, cotización favorable del €, etc.  fueran perdiendo impulso y así las primeras previsiones anuales de las instituciones económicas (BCE, BdE, FMI, etc.) apuntaban a una desaceleración del PIB español con el consiguiente freno a la mejora del mercado de trabajo y por tanto del consumo, incremento de los precios y mayores dificultades en las exportaciones.

 

En la actualidad, con una visión suficientemente amplia de la primera mitad del año, puede decirse que los escenarios más negativos no se han  cumplido y que persisten las diversas incertidumbres, si bien hasta el momento no han tenido un efecto significativo sobre la evolución económica. Por ello, las previsiones iniciales han tenido que ser revisadas al alza.

 

De esta manera se prevé que España experimente un crecimiento del 2,8%, según la Comisión Europea, algo menor que el 3,2% de 2016 y que continúe la creación de empleo (500.000 puestos de trabajo) y se mantenga el superávit exterior, con unos precios inferiores al 2%.  Los factores favorables se centran en la continuación de los tipos de interés bajos y la mejora del acceso a la financiación en base al mantenimiento de la política monetaria del BCE.

 

El petróleo, si bien experimentó un aumento a finales de 2016 debido a la política de control de la oferta por parte de la OPEP, ha vuelto a una tendencia más estable a causa básicamente de la mayor producción no convencional norteamericana. Esto proporciona un respiro a la economía española muy dependiente del petróleo.

 

 

En el campo exterior, las exportaciones mantienen su dinamismo y el primer trimestre del año se ha cerrado con un aumento de las mismas del 14%, el mejor registro histórico en este periodo. Si a los intercambios comerciales unimos el buen arranque de la temporada turística, podemos estar tranquilos.

 

Los precios han dado un pequeño susto al principio de año y actualmente (abril) se encuentran en una tasa del 2,6%. Sin embargo, este aumento se ha debido básicamente al alza de la energía, por lo que si los precios del petróleo se moderan en la segunda mitad del año, el IPC seguirá la misma tendencia y podría cerrar en un 1,5% (diciembre/diciembre).

 

El motor del consumo

Los datos disponibles indican que, en la primera parte del año, el crecimiento económico se ha basado en el dinamismo del consumo. A su vez éste ha mejorado gracias al comportamiento favorable del empleo, que crece cerca del 3,5% en afiliados a la SS y de las facilidades crediticias.

 

Esta mejora también ha tenido un reflejo favorable en el Indicador del Comercio de Moda de Acotex que, a pesar del dato de abril, muestra un acumulado del 2,8% en lo que va de año y se espera cerrar el mismo en positivo  después de que el sector “pinchara” en 2016 tras dos años consecutivos de mejora.

 

A esperar

Ahora cabe esperar que estas previsiones primaverales se confirmen totalmente y podamos afrontar el retorno otoñal con franco optimismo. Cabe señalar que la incertidumbre continúa presente, mientras se asienta la nueva administración americana, se discute el Brexit, y Europa se refuerza, después de las elecciones presidenciales en Francia, con la vista puesta en Alemania y con mayor atención en Italia.

Esperemos que estas posibles amenazas no vayan a más, o se gestionen de la mejor manera posible, y que los “agoreros de siempre” se equivoquen una vez más. Falta nos hace.  

 

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