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18 Nov 201715:13

Un informe más... con 25 años de retraso

Hace unos días se hizo público un informe, realizado por encargo del Consejo Intertextil Español a la consultora Interbrand, sobre la percepción de la marca “Moda española” en países de han sabido gestionar muy bien su made in, como Francia, Italia, Reino Unido, EE.UU. y Brasil, amén de analizar los diferentes aspectos del sector de la moda en España.

Hasta aquí nada anormal. Lo sorprendente tampoco son los resultados, donde se hace patente la triste realidad de que la asociación de los conceptos “moda” y “española” hacen carcajear internacionalmente, además de hacer referencia a que España también es un fracaso en diseño, calidad y producción (con algunas honrosas excepciones, añado yo), entre otras conclusiones del mismo calibre.

Lo realmente pasmoso es que este informe llegue con 25 años de retraso. Fue exactamente en julio de 1985 cuando el Ministerio de Industria dio a conocer el Plan de Promoción de Diseño y Moda de Intangibles Textiles, un plan a 4 años que debía ayudar a posicionar la marca Moda Made in Spain internacionalmente, con una inversión de más de 14 000 millones de pesetas. De aquel momento al actual parece que nada (o muy poco) ha cambiado para el grueso de la moda española, que tiene una visibilidad insignificante tanto en casa como fuera. Eso sí, el dinero público se ha gastado a espuertas, primero con el Plan de Intangibles y después con el Plan Global de la Moda, lanzado en 2001 con un presupuesto de más de 48 millones de euros anuales, contando también, por supuesto, con las subvenciones de las diferentes comunidades autónomas, utilizadas para financiar pasarelas públicas que no nos llevan a ningún sitio más que a las revistas del corazón.

Hace 25 años todavía teníamos huecos de mercado que cubrir, hoy llegamos tarde, como afirma el informe realizado por Interbrand. Entonces, plantearse si el concepto “Moda española” era viable hubiese tenido su razón, hoy confirma que ni con marcas potentes como Desigual o Mango la españolidad se hace visible, con la excepción de la sobresaliente Zara, la reina de Inditex.

Una de las muchas debilidades de la moda española detectadas es que la “unión entre diseño y producción es muy mejorable. Pocos diseñadores españoles tienen un buen plan de negocios”, para lo que se recomienda “dar ayudas de forma más selectiva y concentrada, sólo a empresas o instituciones sectoriales que tengan un plan de negocios” viable, añadiría. De todos es sabido que desfilar en este país equivale a estar subvencionado, sobre todo si hablamos de Madrid o Barcelona, donde los diseñadores no sólo no pagan sus desfiles (los pagamos nosotros, eso sí, porque la moda, en España, también somos todos), sino que, además, en muchos casos, los diseñadores no llegan a producir sus colecciones y, por lo tanto, nunca las venderán. Debe ser por eso que no necesitan un business plan. ¿Quién dijo que la moda es un negocio? Para muchos de los diseñadores adictos a las pasarelas es vivir del cuento.

El informe recomienda, ante tal panorama, “consolidar una sola pasarela”, con lo que ya tenemos, una vez más, planteada la ya legendaria “guerra de pasarelas” entre Madrid y Barcelona, que difícilmente llegará a resolverse porque es una cuestión política, y ya se sabe, los políticos, por salir en la foto al lado de modelos estupendas/os gastan el dinero público con gran alegría, pero de sentarse a hablar en serio del tema, ni hablar. Un tema que ya cansa.

Cabe recordar aquí otro informe, el encargado por la Conselleria de Comerç, Turisme i Consum de la Generalitat de Catalunya a la auditoría ABN Metrics y dirigido por José Luis Nueno, profesor de Marketing del IESE y Doctor of Business Administration por la Harvard Business School, que se hizo público en octubre de 2005, cuyo objetivo era valorar el efecto de las ayudas públicas al sector de la moda en Catalunya y definir posibles alternativas a los modelos de gestión.

Las conclusiones fueron demoledoras: ni salones ni pasarelas contribuían a desarrollar el sector; la repercusión mediática se centraba en el territorio nacional, sin eco en el panorama internacional; la promoción pública no compensaba de forma homogénea a todos los participantes; y el sector textil no apoyaba económicamente la pasarela. En resumen: la legendaria Pasarela Gaudí no generaba negocio, por lo que el soporte público al sector dejaba de ser justificable. Ello trajo, al principio, sus consecuencias, con la supresión de la Pasarela Gaudí por otros híbridos que tampoco han llegado a ninguna parte. Pero por informes que no quede.

Otro de los temas polémicos que reabre el informe del CIE es el de la creación de una escuela de diseño de primer orden, una más de las recomendaciones para fortalecer la moda española. Tema caliente éste, teniendo en cuenta de que la inmensa mayoría de las escuelas de diseño de moda de España se centran en Barcelona. Más política. A este respecto, me pregunto qué pasó con las subvenciones dadas al capítulo Escuelas de Diseño del Plan de Intangibles antes mencionado, unos 1 125 millones de las antiguas pesetas (BOCG, 27/01/90). ¿Dónde fueron a parar? Porque con tal cantidad deberíamos haber tenido la tan mentada escuela, prometida de nuevo, años después, en campaña electoral incluso en Catalunya por Esquerra Republicana, después de decidir suprimir la Pasarela Gaudí. Pero claro, las promesas, sobre todo si son electorales, es bien sabido que se las lleva el viento. Crear una escuela de referencia necesita mucho más que un mandato, y, políticamente hablando, deja de ser rentable.

 “No se ha sabido capitalizar la historia de la moda española”, afirma el informe, conclusión obvia ya que pocos conocen quién fue Pedro Rodríguez, si pensamos en el bochornoso affaire del Museo Balenciaga, o del desmantelamiento del Museo del Traje. Es innegable que con este tipo de asuntos no se contribuye a crear cultura de la moda, que es lo necesario para que, algún día, los españoles creamos en la moda española. Porque, como también afirma el informe del CIE, una de nuestras carencias flagrantes es la “falta de espíritu asociativo”, y así nos va frente a la competencia. Ni cultural, ni sectorial, ni políticamente este país ha ido nunca a la una en materia de moda.

Nada del informe del CIE tiene desperdicio, pero, de hecho, no hace sino confirmar lo que los profesionales del mundo de la moda ya sabíamos desde hace tiempo. Ahora conocemos los detalles, como, por ejemplo, que “casi la mitad de franceses e ingleses y la mayoría de estadounidenses no relacionan España con moda”, pero la realidad era sabida por muchos, entre ellos algunos empresarios del sector que han sabido ponerse las pilas, entendiendo que el valor añadido de sus productos es el concepto marca: sin ella y su correspondiente relato hoy no se va a ninguna parte, algo que también confirma el informe al afirmar que “hoy es importante contar con una historia de marca bien definida y diferenciada de la competencia”.

Un informe más. Sería de desear que no quede en el fondo de un cajón.
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