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17 Dic 201707:48

¡Espíritu santo de la marca, ilumina a las empresas!

 

No suelo recordar lo que sueño, pero hace unos días me desperté, yo creo que alucinada, por lo que acababa de vivir en el mundo de Morfeo.

 

Por lo visto, cuando sueño no tengo otro tema en la cabeza que las marcas de moda catalanas. ¡Como si no hubieran temas más interesantes! Supongo que estar en pleno branding workshop con algunas de ellas en el Clúster Textil y Moda tendrá algo que ver.

 

Sea como sea, ahí va lo que recuerdo como si lo hubiera vivido de verdad, y voy a nombrar a las marcas que aparecieron como A, B y C. Parece ser que en el sueño estaba conversando con el responsable de una marca de moda catalana muy conocida aquí, a la que llamaremos A, sobre la situación actual del sector con varias personas alrededor cuando, bajando la voz, me dice: “Si consiguiéramos que desaparecieran B y C (su competencia), tendríamos el problema resuelto”. Evidentemente, yo debí poner cara de asombro e ipso facto me desperté.

 

Me desperté porque esa “marca” A no había entendido nada de nada. Y eso que acaba de salir de un concurso de acreedores. Su problema no se resuelve liquidando a su competencia, ya que todos los clientes no se iban a ir con ella. Además, el mercado interno no es el que importa.

 

La marca en cuestión tiene dos problemas (sin contar a sus clientes: ¿saben realmente quiénes son?): uno se llama branding (no sé quién soy) y el otro producto (desenfocado total), y el segundo depende del primero. Cuando sabes quién eres, sabes qué vender y qué no.

 

Este sueño no tendría más importancia que la anécdota si no fuese porque el otro día, charlando con una persona que trabaja en la marca B (competencia directa de la A), joven y con mucha ilusión por su trabajo, me confesó que todo lo que estaba aprendiendo de branding era muy complicado que pudiera aplicarlo porque su jefe “solo entiende de empresa”, no de marca.

 

¡Ajá! Porque, claro, empresa y marca, como todo el mundo sabe, no tienen nada que ver… Así están. Vamos, que, efectivamente, estas marcas patrias no han entendido nada de nada. A estas alturas. Y ésta ha superado un concurso de acreedores y la han comprado unos inversores. Pero la cúpula sigue siendo la misma. Cuarta generación. No digo más. Pymes familiares iluminadas por el espíritu santo empresarial.

 

Compartiendo inquietudes sobre este tema (ahora entiendo lo del sueño: por mi trabajo es un tema recurrente hasta aburrirme) con una persona profesional del sector que se lo mira desde la barrera, me dijo: “Es lo que hay y así les va. Tienen lo que se merecen”. Pues sí, pero digo yo que pueden cambiar su destino. O, al menos intentarlo a ver si les va mejor.

 

Conozco demasiados casos de responsables de empresa que contratan a gente joven, con ganas y talento, que los mandan a formarse (sobre branding, en este caso) y que luego les cortan las alas cuando quieren aplicar lo aprendido. No saben delegar, no se fían y no comprenden. Son cero líderes, y crean una frustración a su alrededor que hará que el talento acabe marchándose, quemado.

 

Es un hecho que las jóvenes generaciones de profesionales están mejor preparadas que muchos CEOs que carecen de visión, de misión y de cualquier conocimiento sobre lo que es una marca, que para ellos solo es sinónimo de nombre y logo. Y sus problemas son siempre del mercado, nunca de su falta de determinación para tomar decisiones valientes.

 

El día que los ilumine el espíritu santo de la marca, que alguien me avise, por favor. No quiero perderme el milagro.

 

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