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18 Nov 201715:21

Arnault el belga y el reparto de la riqueza

No hay forma de hacerse rico sin que a uno le dejen tranquilo. Algo parecido debe pensar Bernard Arnault, el multimillonario presidente y primer accionista de LVMH, tras escuchar los planes del presidente de Francia, François Hollande, para elevar los ingresos tributarios procedentes de las grandes fortunas.

 

El caso Arnault, que ha pedido la nacionalidad belga justo cuando se produce este debate (aunque dice que mantendrá su domicilio fiscal en Francia), nos lleva a plantear dos reflexiones:

 

1.- En un mundo en que el dinero se puede mover de sitio en menos tiempo del que Hollande tarda en decir “impuestos” no resulta tan importante, en realidad, dónde está el domicilio fiscal de uno. Tal vez ha llegado la hora de terminar con las vías de escape que encuentran las grandes fortunas en este capitalismo nuestro, al que deberíamos defender con más inteligencia, y acabar de una vez con los paraísos fiscales, terminar con los privilegios de la City de Londres e implantar la Tasa Tobin.

 

2.- Arnault, o los millonarios españoles del ramo, representan lo mejor del sector de la moda (o el lujo): personas de éxito que han recibido una recompensa en forma de enormes sumas de dinero a su brillante talento en la gestión de este negocio. Pero también sirven para expresar cómo en la moda se han repetido los vicios de otras industrias, como la energética o la minera, en que las que unos pocos amasan una desproporcionada parte del éxito de todo un sector económico.

 

Un sector que crea unos pocos Forbers, por un lado, y miles de mileuristas insatisfechos, por otro, no es un sector plenamente sano. La RSC y el dividendo social debe preocuparnos.

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