Utilizamos las cookies para ayudar a personalizar contenido, adaptar y medir los anuncios, y facilitar una experiencia más segura. Al hacer clic o navegar en el sitio, aceptas que recopilemos información dentro y fuera de modaes.es mediante las cookies. Consulta aquí más información, incluida la relativa a los controles disponibles: Política de cookies

Líder en información económica del negocio de la moda

16 Dic 201705:08

Qué es peor: ¿Clientes leones o socios huevones?

El título de mi blog lo puse porque me gustaba como sonó cuando alguien me lo sugirió, pero con el tiempo me he dado cuenta que le viene como anillo al dedo al tono que está tomando esta columna.

 

Érase otra vez, es en el fondo una manera de decir que en esta industria como en otras, uno crece y se hace mejor profesional a base de experiencias buenas pero sobre todo malas. Y estas experiencias hay que irlas superando y sorteando para poder seguir escribiendo tu historia, en mi caso como profesional de la industria de la moda.

 

Érase otra vez, pero de una forma diferente y con los errores del pasado presentes; esa es la filosofía de la supervivencia y la esperanza por nuevas y exitosas oportunidades.

 

Y es así como una noche de Lunes, viendo en la televisión una serie que fascina a algunos y espanta a otros, pero que en resumen resulta entretenida, se me ocurrió el título para este post. Estas experiencias forman parte de mi decálogo personal para sobrevivir en la industria, y aunque en principio uno sólo aprende de sus propios errores, yo siempre he defendido que de experiencias ajenas también se puede absorber mucho conocimiento, pero sobre todo consejos para por lo menos, ir sobre aviso.

 

Los clientes, son y serán siempre la pesadilla de cualquier emprendedor. Primero porque para que la empresa empiece su actividad, los necesitas, a cualquier precio, sin clientes no hay nombres, sin nombres no hay actividad, sin actividad no hay experiencia y sin experiencia no hay más clientes.

 

Yo en dos años de actividad empresarial, he tenido de todo, clientes gordos, muchos clientes pequeños, y algunos medianos. Si tuviese que utilizar denominadores comunes en todos ellos, serían adjetivos como cutres, muy exigentes y muy poco pacientes. Como ya he dicho en alguna otra ocasión, protestaban constantemente sin embargo luego hacían lo que les habías recomendado a pies juntillas, en cuanto dejaban de ser tus clientes. Pero hay que aguantarles, porque son los que alimentan la actividad de la empresa (que no siempre las arcas).

 

Sin embargo, lo que nunca he tolerado ha sido que para justificar la falta de fondos para hacer frente a sus facturas pendientes pusiesen en duda mi falta de profesionalidad, me exasperaba, pero sobre todo me preguntaba como algo tan intolerable (para mí lo peor que se puede ser) sólo se les ocurría cuando tenían problemas para pagarme, era curiosísimo. Cómo aspectos positivos debo decir que aunque ellos se aprovechen, al principio hay que aceptar trabajar por muy poco dinero o prácticamente gratis, que sus marcas te aportan una gran experiencia, y que es un lujo poder aprender y descubrir una gran industria como lo es esta, prestando servicios a marcas sin las cuales no habría cogido el know-how del que hoy dispongo. Es un quid pro quo con el que hay que saber convivir si uno quiere ser emprendedor, y que cómo todo en la vida tiene aspectos positivos y negativos. Yo que detesto ser desagradecida, les estoy agradecida a todos ellos, el haber puesto su confianza en mí en un momento dado, y sobre todo a la primera clienta que me firmó un contrato, siempre me acordaré de ese momento que es muchísimo más gratificante que el firmar un contrato de trabajo por cuenta ajena.

 

Pero no quiero acabar este post sin dar una última pero importantísima recomendación; el camino del emprendedor es muy duro y está lleno de baches, por circunstancias cada uno sabe si lo quiere emprender en solitario o acompañado. Pero si lo hacéis acompañados, que sea para que os acompañen de verdad, y no aparezcan sólo cuando toca cobrar las pocas ganancias que en estos tiempos se consiguen. Los socios huevones, no sólo te hacen perder el tiempo, las ganas, la motivación y las fuerzas, sino que ponen en riesgo lo más sagrado de tu carrera, tu reputación profesional.

...