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15 Nov 201822:07

Las Ego-bloggers, ¿muñecas o peponas?

Hace mucho que quería escribir este post, pero reconozco que me lo he pensado varias veces.

 

No quiero convertir esta columna en un vertedero de resentimientos profesionales, pero creo que el paso que ha dado una compañera de sección esta semana publicando algo que muchos pensábamos sobre cierta Asociación, no debería ser un caso aislado, sino el primer paso hacia una nueva era en la que como en todos los demás sectores, los que conozcamos las grandes estafas deberíamos denunciarlas, sólo así haremos de esta industria, algo serio y profesional en este país.

 

El blog es una herramienta de comunicación fantástica, que bien utilizada tiene mucho que aportar, pero como siempre, hay personas que consiguen ensuciar y sobre todo contaminar, cualquier novedad que se ponga a nuestro alcance.

 

El Ego-blogger o bloguero de moda, esa es mi gran obsesión.

 

Su alcance es tal, que hasta el medio de comunicación de moda por excelencia, las revistas, han condicionado sus contenidos online, a la existencia de estas “profesionales” para salvar sus visitas online. No se hacen una idea los lectores, como me destruye ver como las mejores redactoras de moda, se rinden a sus efectos y entran a formar parte de este círculo vicioso…

 

Cuando empecé el Máster en gestión de empresas de moda, hace ya algunos años, dicha profesión no existía.  El Sartorialist empezaba a ser conocido por sus fotos y por su forma tan personal de captar el “Street style”, y si alguien se ha parado a pensar porqué se hizo conocido, fue básicamente por eso, por la inocencia que tenían dichas fotos, lo altruista de dicho acto y lo natural de los fotografiados. Desde ese momento, han pasado cinco años, actualmente yo doy clases a alumnos de moda y dentro de mi temario, me he visto obligada a incluir una nueva profesión en la industria de la moda: los ego-bloggers .

 

Las categorías son infinitas; las hay que juegan al despiste y prefieren no revelar su identidad (incluso le ponen un nombre propio diferente al suyo, a su blog), las hay que les ponen nombres de categorías de productos en los que al parecer son expertas y se fotografían día a día, y las hay que son famosas y han rentabilizado su fama de una forma que a su gusto queda más chic que salir en el Hola, y es cobrando todos los meses por contar su vida en Elle, Telva o Vogue (siempre .com)…

 

A todas ellas, las une un denominador común, todas se aprovechan del tirón mediático conseguido, para sacarle partido económico a su fama. El problema no radica ahí, puesto que, que las personas con imagen pública (en la industria de la moda, o en cualquier otra) cobren por prestar su imagen a marcas, es algo socialmente establecido y aceptado. Pero entre la palabra comunicación y la palabra publicidad hay una diferencia muy notoria así como en la forma de percibir ingresos con una u otra.

 

Las blogueras nacieron como algo altruista y natural, eran el reflejo del “Street style”, primero fotografiaban a gente luego pasaron a fotografiarse a sí mismas (el ego del ser humano no tiene límite, para que alguien por su cuenta y riesgo decida que la humanidad no puede vivir ni un minuto más sin ver sus ocurrencias (más bien disfraces) a la hora de vestir todos los días).

 

El caso es que semejante movimiento artístico, relacionado con la gente de la calle y la fotografía que de cierta forma pretendía reivindicar que la moda no sólo está en las pasarelas y con las marcas de alta costura, se ha convertido en estos años en un profanación de los contenidos (muchas de ellas no tienen formación para tratar la información) así como de la forma de hacer publicidad, ya que no le participan al lector de su enriquecimiento por recomendar, lo hacen parecer una decisión totalmente altruista y marcada por su gusto.

 

Todo esto hace que yo me pregunte; ¿Es realmente moralmente aceptable lo que está pasando? Y lo digo porque una de las mejores periodistas de moda del mundo como es Suzy Menkes no acepta ni un solo regalo “las niñas educadas sólo aceptan flores y chocolates”,  y esto me hace que surja la siguiente pregunta, si realmente ellas consideraban que su forma de entender la moda era digna de interés; ¿Cual es su interés actual si dejan que las marcas con cheques en blanco les dictaminen la moda que tienen que enseñar (muy vieja queda ya su mítica frase “yo sólo saco lo que me gusta”).

 

Y después de todo esto lo realmente grave, es que la moda vive de ilusión, pero en una época en la que las lectoras son personas que están sufriendo en sus propias carnes los estragos de la crisis; ¿Es realmente aceptable ver como mujeres de edades comprendidas entre los 20 y los 35 sacan y sacan piezas y piezas diferentes y nuevas cada día y exhiben productos que baratos o caros, rara vez vuelven a utilizar, que les han sido regalados (algunas están llegando al punto de inventarse que algo comprado es regalado para intentar demostrar su nível dentro de los clusters que entre ellas se han formado) y con los que para más inri ahora se enriquecen revendiéndolos en ventas privadas o webs especializadas?

 

Todavía no he visto a ni una sola bloguera ceder una parte de sus ganancias a algún colectivo necesitado, no he visto en casi ningún caso acciones de apoyo para alguna ONG que necesite de su imagen, perdón he visto como una de ellas que me consta tiene una habitación entera llena de regalos por estrenar (están haciendo cola para que saque primero aquellos por los que las marcas le han pagado un dineral), ceda para un rastrillo benéfico una mísera blusa, cuando pasea por su blog día tras día bolsos de lujo, abrigos, zapatos, joyas y todo tipo de productos que caen en la nave del olvido.

 

No puedo parar de escribir de la indignación que siento, de lo tontos que somos todos, ya que deberíamos empezar a plantearnos, en qué hemos convertido a estas personas, que han hecho de nuestras visitas, en la mayoría de los casos fruto de nuestro aburrimiento y avidez de cotilleo, una profesión.

 

Si solo supiesen que no es más que un entretenimiento en la oficina y que su estilo no es predictor de nada, porque se han convertido en muñecas rusas que exhiben todo menos un estilo de vida real y una forma de vestir adecuada a la vida que el común de los mortales tenemos…

 

Y desde aquí me atrevo a sugerirles el título de su próximo post, o incluso look:

 

La deontología profesional, un concepto nuevo para mí…

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