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18 Ago 201822:29

El Birkin de Hermés o la experiencia de comprar un Birkin en Hermés

Lo primero sé lo que es, lo segundo, puede el lector estar seguro de que no.

 

Pero este post no va de mis secretas ambiciones por poseer todo tipo de bolsos carísimos de marcas de lujo.

 

Sino de otra experiencia, que demuestra que pese a haber estudiado en profundidad, comportamientos que nunca piensas que vayas a replicar, me perfila como una consumidora más.

 

Como buena fetichista de bolsos que soy, el bolso Birkin es mi más ansiado deseo, pero también es el que más lejos está, por lo que no me pongo ni nerviosa al pensarlo, siendo la posibilidad de adquirirlo, inexistente.

 

Todo empezó cuando se fueron a China unos familiares muy cercanos y les encargué un “Birkin chinamente reinterpretado” por llamarlo finamente e intentar que no se sienta nadie ofendido. Queda aclarar que normalmente no soy consumidora de ese tipo de objetos porque como profesional de la industria sé que el diseño, y un proceso de producción de calidad merecen el más grande de mis respetos. Pero en este caso, como toda enferma, me deje llevar por el vicio…

 

Me trajeron un ejemplar que tuve la posibilidad de comparar con uno real, descubriendo que era exacto; costuras, piel, textura, acabados, interior, hasta el más mínimo detalle estaba cuidado y “respetado”.

 

Puse “el ejemplar” encima de la mesa durante días como si fuese un objeto de exposición, y a la semana, empecé a pasearme con él.

 

Pero cual fue mi sorpresa cuando al poco tiempo, empecé a notar cierto rechazo interno hacia el objeto de deseo, rechazo que fue creciendo rápidamente hasta que finalmente lo llegué a aborrecer.

 

Lo guardé, y sin darle más vueltas, volví a mis bolsos habituales que por cierto, son mucho menos glamurosos.

 

Y el destino hizo que hace unos meses, con motivo de una mudanza, saliera a relucir el “ejemplar” , y fue entonces cuando me pregunté a mí misma, qué fue lo que me condujo a esa relación de amor odio tan repentina con el bolso Birkin.

 

Me temo que fue en ese momento, cuando por primera vez sentí y comprendí en mis propias carnes, lo que era la experiencia de compra.

 

Yo no rechazaba el bolso, sino las formas en las que este había sido adquirido. Hermés es una marca cuyo objetivo primordial ha sido siempre el cuidado de su imagen y reputación, y yo cuando me imaginaba el bolso, me imaginaba inconscientemente, todo lo que rodea no sólo al momento en el que adquieres el bolso en uno de sus espléndidos puntos de venta, sino a la magia que desprende en estilo de vida, el tener acceso a ese bolso y tener lugares exquisitos por los que pasearlo. Te lleva a soñar con una vida de color de rosa llena de lujos, viajes y frugalidades, y cuando cambias abruptamente la imagen, por la de tu progenitora regateando por él en un zulo del mercadillo de Shangai, y tú paseándolo en el autobús todas las mañanas, como si de una limusina en los Campos Elíseos se tratara, pierde todo el glamour existente.

 

Eso es la experiencia de compra llevada a la máxima potencia, es la representación del esfuerzo y éxito de una marca por crear valor y lo que hace que las campañas de Marketing, ataquen cada vez más frontalmente a los sentidos del consumidor. Ya que únicamente nublando estos, se puede “marear y abrumar” al ser humano, hasta llevarle a comportamientos tan irracionales como pueden ser pagar 7000 euros por un bolso.

 

Para próximos posts queda pendiente, el efecto de herramientas como el Aromarketing en el valor de las marcas…

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