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17 Oct 201709:45

Muñecos rotos

Periodísticamente hablando, las dos últimas semanas han sido muy interesantes en el siempre efervescente mundo de la moda. Y no es de extrañar. Las fashion weeks internacionales siempre suponen un constante goteo de información-desinformación que entretiene al público y nutre periódicos, revistas y webs durante días.

 

Los rumores vuelven a ser protagonistas en Milán y París. Cumpliéndose el primer aniversario del culebrón Dior-Galliano, este año los protagonistas indiscutibles de la novela han sido Jil Sander y Raf Simons en Milán e YSL-Pilati en París. ¡Qué nos gusta a los fashionistas hacer cábalas!

 

Pero sin duda lo mejor de todo este revuelo ha sido la reflexión pública de dos grandes y muy admiradas profesionales, la columnista del International Herald Tribune, Suzy Menkes, y la periodista de moda del Financial Times, Vanessa Friedman. Ambas han plasmado por escrito lo que es vox populi en el mundillo, la realidad sobre una situación que va más allá de rumores y apuestas.

 

Interesantísimo el distinto enfoque que aporta cada una de ellas. Menkes destaca la sensibilidad artística de los diseñadores y apunta que se les trata como meras piezas en una partida de ajedrez, siendo el tablero el complejo mundo empresarial. Según Menkes, los diseñadores son almas creativas con una sensibilidad especial que acusan más que otras personas este sistema de “usar y tirar”. Sin embargo, Vanessa Friedman señala que el problema es algo más complejo y va más allá apuntando que la actual visión empresarial cortoplacista del mundo de la moda es errónea y la fuente de los problemas.

 

Aunque entiendo y hasta cierto punto comparto el sentimiento de Menkes, me identifico más con los argumentos de Friedman. Dejando a un lado la sensibilidad de los diseñadores, hay que ver y entender este mundo como lo que es, un negocio.  Y como negocio, la moda se nutre de diversos actores, unos con una mente más fría, con un enfoque completamente empresarial y otros, más pasionales, espontáneos y sensibles que se encargan de la parte creativa. Pero todos ellos son piezas de un engranaje que, cuando deja de funcionar o simplemente no lo hace al nivel esperado (véase cumplir las cifras de negocio) se rompe.

 

Es en ese momento, y solamente en ese, cuando nos parece ver a los diseñadores como los pobres muñecos rotos de un mundo superficial y desechable.

 

Dice Menkes, y cito literalmente, refiriéndose a los directores creativos: “They are too used to a lifestyle that has brought them fabulous apartments filled with contemporary art and photography to break out of this lush gilded cage, where they are obliged to dance again and again: fashion show, store opening, midseason presentation, second line, media interviews, team meeting, ad shoots, global travel. Smile, smile, smile — and rock until you drop.”

 

Y es cierto. Mientras los diseñadores (Galliano, Decarnin, o Simons, entre otros) dirigen los equipos creativos de firmas de renombre, lo tienen todo. Pero no es a cambio de nada, el precio a pagar es muy alto.

 

El debate se torna mucho más fundamentalista cuánto más nos adentramos en él. Y es que para entender el sistema hay que remontarse a las bases de la sociedad de consumo en la que vivimos. La inmediatez es la característica fundamental y ésta prima sobre cualquier otra. Consumimos fast fashion, a todos los niveles, y eso implica que las colecciones de invierno y verano ya no son suficientes. Ahora las principales firmas compiten por crear una colección crucero (que no es otra cosa que piezas de verano en pleno invierno para aquellos pudientes que escapan del frío invierno en pos de climas cálidos donde lucir bikini y pamela), colecciones de pre-temporada, accesorios it y mil y un inventos más. Nada es suficiente y el ritmo se vuelve insostenible. Pero el consumidor lo acepta cual animal amaestrado. Y eso se traduce en beneficios para las marcas. Y en publicidad para los medios que a su vez se refleja en mayor cobertura mediática.

 

Lo dicho, el engranaje funciona. Hasta que deja de hacerlo.

 

Vivimos inmersos en esta rueda de inmediatez de la que todos somos cómplices, no por gusto, sino porque es así como funciona el negocio. Sin embargo nos extraña cuando una casa como Dior o Balmain despide a su director creativo y es entonces cuando hacemos una parada para pensar en estos pobres muñecos rotos.

 

La moda no es el único sector afectado por el virus cortoplacista. El fútbol es quizá el más conocido y el más veterano. Si un entrenador no cumple y pierde varios partidos seguidos, se va a la calle. Sin contemplaciones, sin penas, sin más. Quizá como les vemos en chándal y dando gritos la sensación que provocan no es tan lastimosa como la de un pobre diseñador, con la sensibilidad a flor de piel por su carácter creativo. Ironías a parte, el problema está en que todavía nos cuesta ver la moda como lo que es, un negocio, con sus pros y sus contras.

 

Hace poco la revista H Magazine me pedía mi opinión sobre el caso Galliano. Lo que dije me viene al pelo para el tema que nos ocupa: “[…] Ahora bien, no olvidemos que estamos hablando de un negocio, de una marca que obtiene muchos millones de euros de beneficio y, para una firma de la talla de Dior, la reputación corporativa es vital. No seamos ingenuos pensando que el despido de Galliano es una muestra de solidaridad y respeto por parte de la casa francesa; estamos ante una decisión puramente empresarial y si está bien o mal tomada se descubrirá con el tiempo. Tened por seguro que Monsieur Arnaud habrá hecho sus cálculos y habrá visto qué es más rentable, si el daño a la reputación o el despido de su director creativo”.

 

Ya para acabar y volviendo a la parte más frívola de esta reflexión, los rumores sobre despidos, sucesiones y demás entresijos de las primeras firmas del mundo de la moda son el pan de cada día de este mundillo y en algunos casos, son una estrategia en sí misma. Y sino que se lo digan a Dior que a pesar, o gracias a, un año plagado de rumores, sus ventas en 2011 aumentaron un 22%.

 

Y como la cuarta pasarela no podía quedarse atrás, esta temporada Madrid también se ha apuntado a la táctica de la rumorología y los directores creativos, por eso de no quedarse atrás en el ranking internacional. El rumor patrio más jugoso de los último tiempos sitúa al que fue uno de nuestros diseñadores más internacionales, Josep Font, como posible director creativo de Jesús del Pozo.

 

Solo el tiempo dirá.

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