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14 Dic 201703:44

Zara siguió una larga tradición del textil en España: copiar

Zara siguió una larga tradición del textil en España: copiar

Lo que sucede es que en lugar de hacerlo como hacían la mayoría de industriales, se decantó por democratizar la moda de manera radical haciéndola asequible a todos los bolsillos. Ese fue el acierto de Inditex y así le ha ido. En este momento es tal su potencia, que ya nadie se atreve a decir ni “mu”: más de  5.000 tiendas en setenta y siete países… y doscientos creativos que “captan tendencias” de todas las colecciones del mundo. Tendencias que apenas tres semanas más tarde, están en sus establecimientos a un precio inmejorable, aún y en tiempos de crisis.

 

Esta línea de actuación, aunque ya fabricaba prendas de vestir, Amancio Ortega la catapultó con la apertura de su primera tienda ZARA en La Coruña, en 1975. En los ocho años siguientes, extendió su red de tiendas a toda a la geografía española. En 1988 abrió su primera tienda fuera de España, en Oporto (Portugal); entre 1989 y 1990, inició su expansión en Estados Unidos y Francia con la apertura de establecimientos en Nueva York y París, sin temer ni un ápice a la entrada de España en la Unión Europea porque el invento ZARA, era insuperable: de acuerdo, copiaba pero cobraba a precio de copia, no de creación, consiguiendo que todo el mundo globalizado pudiera ir siempre a la moda. El resto es un larguísimo etcétera que lo ha convertido en la séptima fortuna del mundo.

 

Huelga decir que durante los primeros años, todo dios (todos los confeccionistas españoles) se rasgaron las vestiduras porque ZARA “se nutría de copias”. Ah, ¿y qué hacían en aquel mismo instante todos o casi todos ellos?  A este argumento circunscribí mi participación en la conferencia “Moda e Industria”, que tuvo lugar en el Palau Robert de Barcelona el pasado martes 22 de marzo con motivo de la meritoria exposición “Barcelona alta costura”, comisariada por Josep Casamartina.

 

Y lo hice desde mi conocimiento del sector en el que, antes de ser Directora de Salones de Moda para la Fira de Barcelona y de la Pasarela Gaudí, había sido asistente del diseñador francés Thierry Mügler; estilista de compras para unos grandes almacenes; estilista de publicidad y de moda; escaparatista; diseñadora de colecciones y cronista en revistas especializadas y en El Periódico de Cataluña.

 

Años en los que me harté de ver cómo los industriales preferían que les trajeras prendas de Francia e Italia, que luego ya las desmontaría su patronista calcándola sin remilgos para la “nueva” colección. Colecciones que vendían a idéntico precio que los originales (protegidos por una autarquía económica) olvidando que, como no espabilaran, como no se decidieran a crear de verdad al tiempo que apostaban por implantar marca y, sobre todo a exportar, se irían a la porra como se fueron en cuanto al usuario le fue posible comprar los modelos originales en la esquina más próxima a su casa. La otra opción, que ha resultado ARRASADORA, era comprar en ZARA.

Copiando el producto, y vendiéndolo caro, en lugar de copiar el sistema, España se quedó sin industria de confección, y también sin industria textil. Mientras Francia e Italia, una vez instaurado el prêt-a-porter, primer paso hacia la democratización, había puesto todo su empeño en tres conceptos básicos: investigación, diseño y marca. Por tanto, cuando ahora hablamos de promocionar nuestra industria, cuando Barcelona se lamenta de la “claca” (sólo “claca”), de la pasarela Cibeles, patalea por algo que, salvo extraordinarias excepciones como es Pronovias y otras de menor facturación pero persistentes en el empeño como Sita Murt, TCN, Custo Barcelona, Rosa Clará y… y poco más, ya no tiene. Ni Barcelona ni Madrid.

 

Los asistentes a la conferencia, aunque muchos de ellos admitieron que fue así, a otros no les gustó nada que les recordara los hartones que se dio este país de copiar. Y menos aún, que la tradición era larga. Que ya cuando nuestras modistas de la posguerra iban a París, era para comprar patrones y a copiar. Los patrones, directamente se los vendían. (No así Balenciaga que no quería a ningún español en sus desfiles). Y hasta se puede entender que, sin otra pretensión, en un momento en que el prêt-a-porter en España apenas daba sus primeros pasos, se buscaran la vida cosiendo copias de Dior pero, no pocas de ellas, cuando llegó el momento de la verdad, siguieron haciendo lo mismo para las incipientes empresas de confección. Así empezó un sistema perverso y así nos ha ido porque el resultado fue que la fusión entre industria, diseño y marca, jamás se cumplió aún y habiendo diseñadores con talento.

 

Hubiera podido no decir nada de todo esto en el Palau Robert, como hicieron mis contertulios de mesa de la que solo destacaré a Niki Bosch quien, por sí solo, por su larga experiencia y conocimiento del sector, hubiera merecido dar toda la charla. El resto, no hizo ni un breve comentario sobre la industria y en cambio contó lo bien que éramos recibidos los españoles en el extranjero (¿ehhhh? Noooo, en el ámbito de moda, no), olvidándose de que el guión de la conferencia, era “Moda e Industria”. Charla que cerré recordando que cuando exigimos a la Administración que dé soporte a la promoción de moda, lo hagamos recordando que el motor de cualquier industria, debe ser el propio sector porque la Administración está, efectivamente, para dar soporte, no para inventárselo. Y ya ven, eso sí lo aplaudieron. Y además salí viva. ¡Ufff!

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