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17 Nov 201717:05

Tengo un día DEC

Así que, hoy, cotilleemos un rato. Decía en mi primera columna en Modaes que en el 2005 escribí un par de artículos sobre la Pasarela Gaudí en el Periódico de Catalunya. A raíz del primero, La pasarela Gaudí y la ola china, me senté con el conseller de la Generalitat de Cataluña Josep Huguet, y con su entonces secretario general, Alfons García. El conseller me dijo que había exagerado, que la Conselleria no daba subvenciones sin control. Que, por ejemplo, cómo iban ellos a pagar los gastos de los desfiles en París sin saberlo; que eso lo pagaban los diseñadores. Obviamente como no podía revolcarme de risa, sólo le dije que mirara, que mirara bien y que no se dejara tomar más el pelo y "nuestro dinero"; y que, ya que lo pagaba todo que, por lo menos, la medalla se la llevara la Conselleria y no el señor Flaqué. "Si es cierto lo que dice (que lo comprobaremos) ¿qué deberíamos hacer entonces?", me preguntó. Le contesté que ante todo cerrar la Pasarela (por lo que tenía que contar con un coste político de forma inmediata); y, luego, buscar a buenos profesionales (que los hay excelentes en el sector) y encargarles un proyecto con el que mantener el nombre de Barcelona vinculado a la moda, sabiendo que la industria ha desaparecido y que el objetivo debería ser el mercado internacional del que nuestros diseñadores no forman parte de la constelación.

Dos meses después, vino a visitarme Alfons García a La Virreina, donde yo preparaba como comisaria la exposición Antonio Miró a travès del temps. Alfons, hombre amable y creo honesto, quien no se había tomado nada a broma mi artículo, me dijo que efectivamente lo que iban encontrando era un verdadero barullo, pese a que prácticamente sólo había un proveedor: Flaqué Internacional. Y que facturaba de forma que, al finalizar el año, de los 7,4 millones de euros que recibía, quedaba un pequeño saldo a favor de la Conselleria. Todo un detalle. Pero que entonces se habían puesto a consultar con los auténticos proveedores, y que todo costaba prácticamente la mitad de lo que Flaqué facturaba. En octubre llegó el informe Nueno y la Consellería invitó a Flaqué a dimitir al tiempo que clausuraba la Pasarela Gaudí. Algunas voces me contaron que Josep Lluís Carod Rovira (entonces presidente de ERC), sin quemarse demasiado, intercedió en favor de Flaqué. ¿Y qué tendrá que ver Carod con Flaqué, militante de Convergència histórico? Sencillo: Flaqué tenía empleada a una hija de Carod.

Entonces empezó otro barullo porque los diseñadores se sublevaron y Huguet les concedió una pequeña subvención con la que, bajo la dirección de Josep Maria Donat, montaron la Pasarela Barcelona, que duró tres telediarios. Quedaba pendiente el reto internacional; así nació Showroom Barcelona: diez diseñadores exportados a París. La última edición tuvo lugar el pasado febrero y con ella se cerraba la aventura. Y es que, aunque ese es el verdadero reto, no es fácil entrar en el mercado internacional aunque plantemos un showroom en el espacio Rendez-Vous. Personalmente pienso que, previamente, hubiera hecho falta un verdadero trabajo de relaciones entre entidades.

El caso es que, en el 2007, la Conselleria impulsó el Pla de dinamització de la moda catalana 2007-2010 cuya finalidad, a saber, es:

1. Internacionalización.
2. Crear vínculos entre creatividad e indústria.
3. Aportar soporte financiero.
4. Organizar eventos de moda en Barcelona.
5. Dar paso a talentos emergentes: nacionales e internacionales.

Y, entre tanto barullo (y fracaso), Huguet fue cambiando los responsables: primero fue Vicenç Mustarós, director de Demo Fashion; quien llevó a cabo Showroom Barcelona en París y quien impulsó 080 Barcelona Fashion Is Everywhere, acontecimiento que no sólo contemplaba los desfiles 080 Barcelona, sino que nació con la ambición de llevar a término una agenda cargada de eventos en la que las exposiciones serían uno de los platos fuertes. Luego Huguet le pasó el encargo de la moda a Emili Valdero, secretario de Comercio y Turismo, quien se cargó de un plumazo la parte cultural (craso error); sacó a Mustarós y creó un megadepartamento interno en la Generalitat para el que nombró a Ingrid van Gerven coordinadora de gestión de diseño de moda de la Generalitat. Eliminado Mustarós, con Valdero empieza la pasarela 080 Barcelona Fashion Week, cuya primera edición tuvo lugar en marzo 2008 y que en este momento tiene una dotación de un millón y medio de euros; y también el Projecte Bressol, en cuyo primer concurso, de los veinte ganadores, quince eran de la misma escuela, escuela en la que ¡oh casualidad! la subdirectora era la mujer (ahora ex) de Valdero: Silvia Viudas.

En diciembre del 2008 llega la demanda de Demo Fashion contra el COPCA (Consorcio para la Promoción Comercial de Cataluña, organismo de la Generalitat) por impago del trabajo realizado en la primera edición del 080. (Parece que los 185.600 euros reclamados fueron una de las causas por las que Emili Valdero fue cesado). Pero, no pasa nada: la próxima edición de enero, vuelve Mustarós a realizarla.

De verdad que flipo por un tubo. Y no he parado de hacerlo aunque, entre los entresijos que les he contado, los diseñadores que desfilan, y para lo que continúan sirviendo los desfiles, más que flipar lo que debiera es cabrearme a modo.

Y, esperen: por si fuéramos pocos, apareció el Ayuntamiento de Barcelona con su propia iniciativa. Pero, por hoy, ya hemos cotilleado bastante; así que, eso, nos vemos en el próximo.

Ciao.

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