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11 Dic 201703:36

¿Promocionar moda en Barcelona: necesidad del sector o tributo político?

Si existiera industria, hablaríamos de necesidad, de derecho propio, de historia… sin ninguna duda. Pero este es un haber que se perdió. Cierto que existen Custo, Armand Basi… ( los cuales nunca han dejado de apoyar a Barcelona aunque su meta sea el mercado internacional) y, ya está, porque lo demás… Lo demás es un tributo político que la Generalitat arrastra para no oírse mil veces que Madrid se lo ha llevado todo en sus narices.

Ya contaba en mi anterior artículo en Modaes que lo que se ha llevado es una fiesta a la que los famosillos y los medios de Madrid hacen mucho caso, pero ni en Barcelona hay este tipo de famoso, ni a los medios les importa un rábano (pregúnteles a los directores de cualquier diario y ya verán lo que les pirra emplear papel en moda). Como tampoco le debe pirrar nada al señor Huguet sentarse con lo que queda del sector y aláteres, cosa que entiendo muy bien de forma que de eso hablaremos otro día.

Así que a la conselleria no le queda más cáscaras que cargar con este tributo. La honrosa excepción en esta contribución es Gaudí Novias, que con el tirón de Pronovias y Rosa Clará, se salva de la quema (aunque no hace falta una lupa enorme para ver que en el listado hay montones de firmas que subsisten porque el paraguas de ambas firmas es poderosísimo). Pero bueno, seamos justos y, en este caso, la Administración apoya a un sector en lugar de tratar de que exista o renazca.

Y por si fuéramos pocos, apareció el Ayuntamiento y al concejal Jordi William Carnes le cayó el encargo de reavivar la moda en Barcelona que se había quedado sin la movida del Bread&Butter, que tan bien le iba a hostelería y restauración. No sé si al señor Williams Carnes le encantó el cometido (lo dudo, es como lo de los directores de los diarios), en cualquier caso nadie me lo ha contado, pero la primera cuestión que se le planteó fue quién se podía ocupar.

Buscaron entonces a una persona a quien "le gustara" la moda (por lo visto no era importante que fuera un experto en moda o en promoción de moda); así dieron con Xavier de Balaguer, cuyos antecedentes en el sector son mirar escaparates y marcas de lujo (extranjeras) y lo nombraron director del Proyecto Moda. En junio 2008, en un acto del que yo era comisaria y que presidió el alcalde Jordi Hereu, algunos le recomendaron que hablara conmigo antes de poner en marcha nada. A éstos, yo ya les había dicho un montón de veces que el sector no daba mucho de sí, que no valía la pena hacer nada, que lo dejaran estar.

Pero Hereu le dijo a Willimas Carnes que se entrevistara conmigo, así quedamos emplazados para unas semanas más tarde. Entretanto, Xavier de Balaguer (a quien debieron decirle que yo era una bruja piruja que no se callaba nada) me llamó para conocernos antes de la cita con el concejal. Pronto comprendí que De Balaguer era un chico amable al que le escuché contarme lo mucho que le gustaba la moda; lo muy mucho que le fascinaba Anna Wintour; así como que Barcelona merecía reposicionarse y que seguro que podríamos hacer algo juntos. Terminado el encuentro, tuve la certeza de que ni él sería Humphrey Bogart ni yo el poli de Casablanca.

Llegó el día de la reunión con William Carnes a quien le sugerí que aprovechara lo que teníamos, que no era justamente industria, sino potencial creativo; todavía la marca Barcelona y, por ejemplo, un Museu de la Indumentaria en el que nunca, o casi nunca, pasa nada, pudiendo ser un excelente escenario para los diseñadores. Terminaba julio, y William Carnes me preguntó si para septiembre podía tener una propuesta que debería trabajar con De Balaguer en el ínterin. Pues se debe pensar que soy una pasota porque nunca vio nada: a De Balaguer, no sólo no le gustaba tenerme cerca sino que él no estaba para proyectos de imagen más modestos y en el contexto del Museu Tèxtil, así que en septiembre, un día, inesperadamente apareció un sms suyo diciéndome que me esperaba un cuarto de hora más tarde en la punta más alejada de donde yo estaba escribiendo.

Unos meses después, se anunciaba la feria que, propiciada por Fira de Barcelona y el Ayuntamiento, "sustituiría" al Bread&Butter: The Brandery. Post Fashion Circus (ya el nombrecito se las trae pero, sí, circo la historia lo es). Y, bueno, colorín, colorado (por hoy) este cuento se ha acabado.

La próxima cita tendrá lugar del 25 al 29 de enero (ahora ha desaparecido lo de Circus, pero le han añadido New Deal, inspirándose en las medidas económicas que emprendió el presidente Roosevelt para luchar contra los efectos de la Gran Depresión ¡Ay, Dios!). A seis semanas del evento, en la web de The Brandery todavía no figuran los participantes. Sin comentarios… Pero ¡dioses! con la que está cayendo y todo ese dinero invertido (dos millones en la última edición) en esas varias aventuras improductivas porque, aunque nadie parece malversar, servir, no sirven para nada. Bueno, sirven para lo que nacieron: para acallar las voces de los que reclamaban la moda para Barcelona.

Política. Pero que nadie olvide que es NUESTRO dinero.

Ciao.
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