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15 Dic 201713:54

Moda, ropa y trapos

A raíz de mi último artículo sobre “La Diagonal”, recibí el correo de un lector en el que me agradecía que diferenciara la calidad y el concepto moda de lo que él llamaba ropa, manufacturada y distribuída con tiendas propias, en referencia a la cadena china Xieli.

Estoy de acuerdo con mi lector hasta el punto de que yo aún diferenciaría más: moda, ropa y trapos. Porque los trapos están proliferando y no sólo por la crisis, sino que, como consecuencia de la aparición de Zara, fue emergiendo un subproducto que ha ido degenerando hasta llegar, por ejemplo, a los trapos de la cadena irlandesa Primark, pese a que José Luis Martínez de Larramendi, director general de la cadena en España, en declaraciones hechas a Europa Press el pasado febrero, señalara: “nosotros conocemos muy bien nuestro negocio y vamos a continuar con lo que sabemos hacer bien, que es vender prendas de moda y calidad al mejor precio”.

Pues seguramente les va y les irá bien porque no está el patio para dispendios y con algo tiene que taparse el personal, pero eso nunca ha sido moda, son trapos. Trapos con las costuras torcidas, con tejidos de ínfima calidad, con acabados sin acabar, que no deben aguantar más de dos lavados, algo a tener en cuenta. Es más, yo diría que justamente en tiempos de crisis, es cuando debemos comprar mejor, lo cual quiere decir con la suficiente calidad. El gusto cada cual lo entiende a su manera.

Lo que sucede es que la moda, el verdadero producto de moda, empezó a sumar costes añadidos (en publicidad, márketing, packaging, comunicación) hasta hacerlos inaccesibles para la mayoría, al tiempo que la sociedad capitalista propiciaba una cultura hedonista y consumista hasta convertirnos en compradores compulsivos.

Algo que Amancio Ortega vio claro y diáfano y él mismo ha ido creando diversos niveles y calidades, por encima y por debajo de Zara, de forma que ahora las principales vías de casi todas las ciudades las ocupan sus firmas (4.607 tiendas, con fecha 1 de enero 2010). El resultado final es que las tiendas de Inditex, más los casi 2.000 puntos de venta de H&M y los 1.393 de Mango están copando el mercado con un producto parecido.

Tan parecido que, hace unos días, dí una vuelta por el Portal del Ángel de Barcelona y llegó un momento en que no sabía dónde estaba: a excepción de Zara y Mango, que mantienen un nivel de calidad y diseño, las camisas de Stradivarius eran idénticas de las de Berhska, Promod, Pimkie o H&M, y en cualquier caso, todas vendían ropa, no moda, y en algún producto se acercaban al trapo. Por lo que concluí que con la llegada del verano, que ya propicia el trapo, más los nuevos hábitos con los sostenes y bragas a la vista, los pantalones rotos y caídos, etc., etc., las calles se poblarían de harapientos.

De vuelta a mi PC, miré en las ofertas de empleo de moda y ¿saben qué encontré?: que el 65% eran de Inditex; el 20% de Mango y el 15% restante repartido entre varios. Y yo diciéndoles en el primer párrafo que es justo ahora cuando hay que comprar calidad. Pues insisto porque con un buen fondo de armario, se resisten bombardeos. Y es justo el momento de hacerlo porque en cualquier tienda o corner de marca, llevan semanas haciendo sustanciosos descuentos. Lo que no sé es cómo se plantearán sus costes (en qué partidas reducirlos) para recuperar clientela la próxima temporada porque de esta crisis no sólo no saldremos en tres meses, sino que intuyo que saldrán otras conclusiones y valores.

Y luego está el tropel de jóvenes diseñadores en un país donde apenas queda industria. ¿Quedará sitio para que ellos hagan moda? Claro, es más, lo hay. Un buen ejemplo es Verde Esmeralda, que inspirándose en los artesanos italianos creó una colección de sandalias, bolsos, cinturones y otros complementos que son una maravilla, que no arruinan, que además bajo la consigna “a la carta”, el cliente escoge colores y materiales, y además todo lo manufacturan artesanalmente en España. Resultado: en tres años (y en plena crisis) ha abierto dos tiendas en Barcelona; acaba de abrir una tercera en el centro de Palma de Mallorca; tiene otro punto de venta en la tienda Bangel de Madrid y ofertas para abrir por doquier.

Pero Bárbara Trías de Bes, artífice de este logro, no quiere que su producto pierda calidad ni que el cliente pague los costos derivados de otros conceptos. Lo que demuestra que, como contrapunto a la masificación de los grandes grupos (que además están en los cinco continentes), hay lugar para productos exclusivos y autóctonos a precios más que razonables. Y trabajo para los diseñadores. Y moda y modos (que de ahí viene la palabra moda) para el consumidor.
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