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18 Dic 201701:10

Made in Barcelona

Made in Barcelona

Durante cuatro días Barcelona ha sido “la capital de la moda”. Eso es lo que toca decir y lo que todos los medios han dicho y dirán porque es lo “políticamente correcto”. Cualquier crítica iría contra Cataluña y nadie - por la moda - está dispuesto ni a recibir un rapapolvo, ni a que le pongan mala cara, ni a perder publicidad. Se puede arremeter contra casi todo cuanto se refiera a la Administración, pero la moda es tema demasiado “liviano”, y también históricamente delicado, como para sacarle a nadie los colores o ponerse uno en un aprieto, y menos ahora que se trata de conservar la silla o las colaboraciones.

 

Por mi parte, les diré que me he cansado de repetir una y otra vez que gastamos el dinero del contribuyente sin analizar en profundidad el sector. Es cierto que, desde la Administración, alguna consulta se hace pero en las respuestas cada cual barre para su pequeño terrado, con lo que es difícil que nadie saque el agua clara. Dicho esto y, obviamente, MANGO no es pequeño pero ¿qué hace este gigante de moda “pronta” en el 080?  “Se trata de sumar” es la respuesta “correcta”. Y así, Isak Andic, presidente y principal accionista de la empresa, que vive en Barcelona y que es la segunda fortuna de España, ha aceptado sumar aportando un aperitivo de lo que fue en verdad su desfile para el próximo invierno 2011 -2012 (no verano 2012 como el resto de las colecciones). Y digo aperitivo porque el verdadero banquete lo dio en mayo en la sexta planta del Centro Georges Pompidou de París: puesta en escena de lujo, Kate Moss como invitada superstar, fiesta y champán todo pagado por la empresa. A Barcelona no vino Moss, pero la firma se trajo a algún famoso ibérico; la colección era la misma de París, con alguna prenda más de noche (que pronto estará en sus tiendas) y la pasarela la pagamos TODOS NOSOTROS.

La verdad es que la presencia de MANGO estos días algo ha animado el festival local que han sido tanto la 080 Barcelona como The Brandery pero mal estamos si, para hacer ruido, recurrimos a las colecciones low cost cuyos ingresos no son nada low y bien se pueden pagar su promoción dónde y cómo quieran. A esta extraña conjunción, también en pos del ruidillo, se ha abierto el Brandery al público, lo que lo aleja claramente de un salón profesional aunque ello aumente el número de visitantes. “Es que así tenemos contacto con el cliente final y sabemos lo que quiere”, ha contestado alguno. Pues, nada, nada, hagamos las colecciones bajo la petición, por ejemplo: “a mi niña le gustan mucho sus pantalones pero debería hacerlos más altos de cintura, que es como le están bien”. O, “¿podrían tener siempre el rojo en sus colecciones que me favorece mucho?” Perdón, pero abrir el salón es retroceder. Claro que el gran "quid" reside en el "contenido", más que dudoso.

 

Y es que con la promoción de la moda suceden cosas bastante peculiares:

   - Los políticos la apoyan “porque el textil siempre ha pertenecido a Cataluña”.

   - Cualquiera que sea el partido que gobierne, a quien sea que le corresponda promocionar la moda, sobre todo las mujeres, enseguida se pirran por ir a los desfiles creyendo estar en París.

   - Es nuestro deber promocionar la moda, se empeñan en decir. Olvidando que la Administración está para apoyar las iniciativas del sector, no para hacer de motor. El motor debe ser la industria.

   - A la prensa diaria, importarle no le importa, pero justamente porque es tema irrelevante, para qué arremeter con la que de cosas que están pasando a las que darles caña.

     

    Y, sin embargo, Barcelona es todavía sinónimo de diseño, de modernidad, de estilo. Y hay diseñadores de talento que pelean desde sus shows rooms ya que no han podido contar con una industria que los apoyara. Desde estas páginas, vengo repitiendo que hay talleres donde encontrar prendas exclusivas, singulares, originales y made in Barcelona, que suelen garantizar también una manufactura notable. Tanto que, hará un par de meses, al comprarme un pantalón en una tienda multimarca, al extrañarme por el precio, que era algo elevado, el argumento de respuesta fue “es que está hecho en Barcelona”. Hace veinte años, lo “más cool” era que fuera italiano, o francés. Ahora, tras la oleada china y las cadenas low cost, estamos llegando donde queríamos llegar pero a pequeña escala: no grandes producciones, no siempre pueden confeccionar con seda natural, ni tampoco costearse un desfile, lo cual no les impide ofrecer propuestas con encanto. Y a todo este potencial, sin ninguna duda, está MANGO que con el grupo Inditex, ha democratizado la moda haciéndola accesible, sin olvidar, que ambos son fuente de incontables puestos de trabajo.

     

    Se trataría, por tanto, de promocionar con más tino y cuidado; no de multiplicar y mezclar los escenarios con un presupuesto que para sí quisiera añadir ahora mismo, por ejemplo, Sanidad, o Enseñanza. Pero, a estas alturas, ya sé que esto es clamar en el desierto, cuando por lo que deberíamos clamar todos es porque nadie venda Barcelona como si fuera la pasarela de París. Hay formas, fórmulas de promoción con las que, sin un gasto excesivo, acuñar el sello Made in Barcelona. A quien corresponda, le sugiero que haga codos.

     

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