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20 Jun 201822:02

Apuntes de una Master Class en el Palau Robert

Apuntes de una Master Class en el Palau Robert

Ultimo viaje al ciclo de conferencias que han tenido lugar en el Palau Robert con motivo de la exposición "Barcelona, Alta Costura". Un ciclo que yo calificaría de irregular en cuanto a contenidos pero mucho más en cuanto a asistentes. Hago esta última consideración, no porque estuvieran exentas de público, sino porque, salvo alguna presencia significativa, el grueso lo seguía formando las que fueron modistas, algún nostálgico...

 

No pude ir a todas, pero entre los conferenciantes que han pasado por esta mesa, destacaré a Lluis Sans, gerente de Santa Eulalia, quien hizo un excelente recorrido de la costura al prêt-a-porter; a Niki Bosch, por su profundo conocimiento del sector a nivel internacional; a Antoni Bernad, la moda tras la cámara; a Toni Miró, la esencia de un creativo exigente y perfeccionista; a Lydia Delgado, la reivindicación de los trajes exclusivos, de las prendas mil veces pensadas y probadas; a la joven Teresa Helbig, cuya timidez a hablar en público hizo que nos perdiéramos cómo vivir la moda plenamente y exitosamente desde su nuevo taller (pese a los tiempos que corren) y muy especialmente a Josep M. García-Planas cuya potencia y solvencia de discurso, hicieron que su intervención fuera una verdadera Master Class.

 

¡ Malaguanyada!, me había dicho antes de entrar. No sabes cómo me gustó verte todavía tan combativa, con las neuronas a pleno rendimiento. Malaguanyat, digo yo ahora porque todos los alumnos de las escuelas de diseño se perdieron una espléndida oportunidad de recibir una verdadera clase sobre el sector textil. Y, si me apuran, se la perdieron  todos los que trabajan en las diversas áreas del sector, no solo en creación. También los directivos de las escuelas y, muy especialmente, aquellos de la Administración que se ocupan del promocionar “la industria” textil de Cataluña a quien trasmito la respuesta que dio García-Planas a nuestro todavía  alcalde, Jordi Hereu, cuando éste le preguntó qué podía hacer el Ayuntamiento: NADA, fue su contestación. A la que el Consistorio no hizo ni caso, mientras el equipo que montaron para tal fin se entretenía “jugando a fashionistas”.

 

A destacar, también, la respuesta de García-Planas cuando dijo que todos le debíamos mucho al grupo Inditex porque, además de democratizar la moda, era fuente de muchos, muchísimos puestos de trabajo. Pero copia, protestó alguien. De alguna forma, todos miramos a los demás; en cómo lo hacemos está la cuestión, ¿o acaso el plisado Fortuny no ha sido utilizado hasta la saciedad, empezando por alguien tan significativo como Yohji Yamamoto?, respondíó García-Planas.

 

¡Qué bien les hubieran ido esta y otras respuestas a nuestros aspirantes de moda! (que con frecuencia te miran como si fueras extraterrestre si les hablas de Fortuny) ¡Qué oportuno que las escuelas de diseño hubieran programado entre sus actividades asistir a estas charlas para ver si los alumnos, de una vez, entienden de qué va este negocio!

 

He empezado por decir que el ciclo fue irregular porque no todas las ponencias fueron meritorias; tal vez hubiera sido más efectivo organizar una, máximo dos, con el peso de los que acabo de mencionar. Pero Josep Casamartina, comisario de la exposición, ha hecho un trabajo que hay que reconocer: recopilando vestidos, conservándolos, y montando la exposición y el ciclo. Lo que tal vez desconocía es que del sector queda poco y, sobre todo, que a este carro se han subido muchos sin ánimo de formarse en profundidad y de trabajar sin folclore. Siendo como es este un trabajo en el que queda mucho por hacer además de reconducir el sistema.

 

¿Acaso alguien piensa que esta es labor de la Administración? ¿De los promotores que sin duda promoverán actividades que les lucren? Pues no, quien debe hacerlo es el sector que es quien más sabe. Es más, sería fantástico que tomara las riendas y que impusiera sus normas y dinero. Debiéramos olvidarnos de la palabra “subvención”, también dijo García-Planas.  Pues eso, con más del 21% de la población activa en paro, no están los tiempos para jugar a nada sino que de mirar con lupa. De impedir que nadie monte saraos para decirse mutuamente lo cojonudos que son y lo monos que van vestidos. Quien los quiera, que se vaya a la Feria de Sevilla.

 

 

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