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23 Oct 201719:33

Alicia Sánchez-Camacho se pasea en camisón por Barcelona

Alicia Sánchez-Camacho se pasea en camisón por Barcelona

Como lo oyen, en pleno Eixample y a media tarde, doña Alicia debió decidir que para qué vestirse en un día festivo como si fuera al Parlamento. Y así salió el pasado sábado sin cambiarse antes de salir: cómoda y fresquita con un camisón de tirantito fino con tres volantes en tonos azules rematados con una puntilla de color crudo, un clásico lencero. Pero no se asusten, no iba en zapatillas, eso no. Sandalias de ante con un tacón de palmo, tachuelas y flecos. Y también iba maquillada, así que lo que no podemos es tachar a doña Alicia de desaliñada; ni hablar. Es más, seamos justos, seguramente creía que iba vestida de calle (casi de cóctel) y con razón visto que casi todas las mujeres han optado por tirarse a la calle en camisón y “picardías”.

 

Pese a que pude observar a la presidenta regional del PP unos buenos minutos, no solo ya atardecía sino que tampoco estaba tan cerca como para acertar saber con qué tejido habían confeccionado su picardía. Ni tampoco pude comprobar si las costuras estaban bien cosidas. Y no creo que a doña Alicia le hubiera gustado que la parara para hurgar en tal menester. Pero no me consta que frecuente cadenas low cost en cuyas perchas cuelgan este verano cientos, miles de camisones. Algunos son de un algodón más delicado, otros raspan y, prácticamente todos, tienen las costuras y los dobladillos retorcidos. Suerte que los complementos del momento, son el chaleco y los grandes pañuelos que todo lo tapan y disfrazan pero, aún y así... ¿Esto es moda? O mejor dicho: ¿Esto es la moda? ¿El diseño? ¿La elegancia? ¿Debemos ir vestidos como si viviéramos en una comuna de playa?

En un artículo del verano pasado, decía que el low cost estaba consiguiendo, sobre todo en verano, que la gente vistiera auténticos trapos. El verano del 2010, la prenda indispensable fue la camisa india; en éste ya se impuesto el camisón, siendo la otra variante el top de "lencería" trapo con la falda a juego. Y para saber esto no me hace falta ver a Sánchez-Camacho, que no es sino que una víctima más: se ve en la calle, en los escaparates, en el súper; se ve por doquier de forma que a  cuadros me quedé ante esta perspectiva una tarde en la que decidí dar un garbeo de compra compulsiva a fin de refrescar mi recién abierto armario de verano. Y no hablo de ZARA, gran precursora del low cost, no. Más bien en ZARA hay una colección más civilizada, con más propuestas, más urbana... Como COS, excelente este verano. Los hermanos pequeños, de Berskha para abajo, no; en estos encontrarán infinidad de camisones rebregados. Pero esta no es solo la apuesta de las grandes cadenas low cost, sino que también la de pequeñas tiendas de barrios recoletos de cualquier zona de la ciudad (incluida la zona alta), salvo unas pocas en las que venden marcas estilosas a precios razonables.

 

Porque la gran cuestión, y más en tiempos de crisis, es si es posible vestir bien, con tejidos  de calidad (indispensable, ahí reside la base) sin arruinarse. Pues sí, lo es, entre otras cosas porque una buena prenda resiste mucho mejor el paso del tiempo. Es más, lo resiste y, en cambio, los trapos, no. ¿Qué hacer?: acudir a firmas españolas como Bimba&Lola, Adolfo Domínguez, Purificación García,  Javier Simorra, Sita Murt… o a las buenas tiendas multimarca donde encontrarán Moschino, red Valentino, Just Cavalli, Walter Woulaz, Rivamonty, Gunex Alberto Biani, Antik Batik, Nothing to lose, Penny Black, Sportmax code, Szen, Atos Lombardini, Bellerose, Charlie Joe, Hakei, Essentiel, Iblues, Iro, Meltin'pot, Fabiana Filippi, Hartford, Maje … sin olvidar los pequeños talleres locales. Y si el bolsillo anda justo, muy justo, pues esperar pacientemente a las rebajas e ir consiguiendo, poco a poco, un armario exquisito, a nuestra medida y estilo sin dejar de ir a la moda ya que ahora conviven muchas tendencias.

 

Bueno, el resultado de mi día de compras es que la compulsión se me pasó de golpe y todo eso que me ahorré: visto lo visto, puestos a ir en camisón, mejor ir directamente a una lencería – o a mi armario - y decantarse por camisones de seda natural, largos, estilosos, bellísimos... Los complementos harán el resto. Todo menos ir con harapos. Es un insulto no solo a todo un colectivo profesional e industrial sino que porque hay a quien no le toca más remedio.

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