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17 Nov 201713:32

No es lo mismo

Aunque parece que este post tenga título de canción de Alejandro Sanz, la frase no es lo mismo describe a la perfección el asunto sobre el que voy a hablar. El primer post del año quería dedicarlo a un tema curioso de la industria y que últimamente ha vuelto a la pantalla de mi ordenador de forma recurrente: los parecidos razonables.

 

Son muchas las enseñas que se parecen: en logos, colores corporativos, eslóganes o incluso en el tipo de ropa que venden. Vivimos en una sociedad globalizada y tendríamos que dar por hecho este tipo de cosas pero creo que existe un límite para los parecidos razonables.

 

No es normal que haya marcas que intenten vender un producto de lujo bajo una enseña que tiene la misma tipografía, el mismo cuerpo de letra e incluso hace publicidades sospechosamente parecidas a las de otra firma que existe hace décadas y que tiene una reputación formada, además de una clientela y un imaginario construido (sea imaginario bueno o malo, es no entro a valorarlo). ¿Hasta qué punto es lícito jugar a las siete diferencias con el consumidor?

 

Y con esto no quiero que se me malinterprete porque yo no digo que vendan gato por liebre, pero si alguien no tiene suficiente imaginación como para crear una marca propia válida, con imaginario, historia y background y hacer que venda, pues mejor que se dedique a otra cosa. Será por profesiones. Lo que no se puede hacer es adoptar una imagen y concepto parecido y pretender competir directamente, hasta el punto de llegar a entrar en los mismos mercados que la primera marca o incluso situando las tiendas puerta con puerta.

 

Y, aunque en este blog hable de lujo, los parecidos razonables también se dan en el feroz contexto de competencia de la gran distribución. Y sino que se lo digan a Zara, Banana Republic o Bershka, que cuentan con tocayos parecidos por doquier.

 

Soy partidaria de la competencia, pero no de la desleal, así que marcas del mundo, dejemos los parecidos a un lado y empecemos a darle a la neurona. Sólo hace falta un poquito de imaginación.

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