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20 Nov 201705:30

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Rafael Myro (UCM): “Trump no ha materializado sus amenazas y el comercio avanza”

Myro sostiene que el presidente de EEUU es una amenaza para la globalización. En su opinión, “los muros no son lo que el mundo globalizado necesita”.
06 Nov 2017 — 03:53
S. Riera
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Rafael Myro (UCM): “Trump no ha materializado sus amenazas y el comercio avanza”

 

 

Rafael Myro es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Miembro del consejo académico del Real Colegio Complutense en la Universidad de Harvard y director del grupo de investigación Capital extranjero, localización y deslocalización en la UCM, Myro ha colaborado también con el Gobierno central y varios Ejecutivos regionales en el análisis de la industria, y la orientación de la política industrial. En su opinión, la gran amenaza de Donald Trump es que ha retirado a Estados Unidos del liderazgo de la globalización.

 

Pregunta: En un año de Donald Trump en la Casa Blanca, Estados Unidos ha salido del transpacífico, ha congelado el acuerdo con la Unión Europea y renegocia el de Norteamérica. ¿Empieza a palparse la amenaza del proteccionismo?

Respuesta: Trump es una amenaza para la globalización, pero todavía no ha perturbado este marco. Ha cortado acuerdos que hubiesen avanzado en la globalización, pero esta persiste. No obstante, Trump continúa siendo una amenaza por ser defensor del proteccionismo que, al final, es empobrecimiento.

 

 

P.: ¿Habrá muro con México?

R.: Es una locura. Los muros no son lo que el mundo globalizado necesita. Son sinónimo de pobreza y no de riqueza. Hasta ahora, la globalización ha conseguido que países poco desarrollados tengan ventajas en producir procesos de un producto. Esto significa dar oportunidades a mucha gente, que crezca la demanda y el consumo. Las economías desarrolladas, por su parte, se especializan en una producción con más valor. Negarlo es empobrecimiento.

 

 

 

 

P.: ¿Por qué este ataque al libre comercio si es sinónimo de prosperidad?

R.: El libre comercio ha sido la clave en la reducción de las desigualdades en el mundo porque ha permitido que lo que hoy son grandes potencias, como China, India o Brasil, hayan podido crecer y elevar su renta per cápita hasta equipararla a la de los demás. Hoy, estas economías producen más que los países desarrollados.

 

P.: ¿Es entonces real su impacto en una parte de los ciudadanos de las economías desarrolladas?

R.: Existe un problema de desigualdad dentro de los países desarrollados, que no tiene que ver con la globalización, pero que está sin resolver.

 

P.: ¿Pero tiene que ver con el regreso de la industria que se fue?

R.: Esta industria no puede volver sin encarecer aquellos productos que hoy son baratos gracias a la diseminación de la cadena de valor por todo el mundo. Vemos relocalización cuando tiene sentido. Lo vemos en el textil, por ejemplo, para dar mayor rapidez a los mercados de consumo. Pero no puede orquestrarse desde la Administración. El Gobierno, en todo caso, puede favorecerlo, pero no ordenarlo con aranceles u otras medidas que distorsionan el mercado. Estados Unidos, por supuesto, no es competitivo en todos los procesos de la cadena de valor. Y con esta actitud, pone en cuestión la gran factoría americana.

 

 

 

 

P.: ¿Cuál es la gran factoría americana?

R.: Estamos en un mundo aún poco globalizado, en el que hay tres grandes factorías: la americana, la europea y la asiática. La cadena de valor en la industria americana está diseminada entre Estados Unidos, Canadá y México, y otros países de la región. Algo similar ocurre en Europa y en Asia. En cada una de ellas hay intercambios, pero entre ellas hay aún poco tráfico. Todavía queda mucho por avanzar.

 

P.: Pese a Trump y su discurso proteccionista, las previsiones de crecimiento del comercio mundial para 2017 son optimistas…

R.: Sí, el comercio mundial se ha recuperado. Trump no ha materializado sus amenazas y el comercio avanza. No estamos en tan mala situación.

 

P.: ¿No hay motivos entonces para la preocupación?

R.: Continúa siendo una amenaza porque rompe con un discurso que hasta ahora ha sido muy fructífero y deja un espacio vacío en su liderazgo. Estados Unidos ahora se apea y cede este liderazgo. Trump cuestiona la Organización Mundial del Comercio, la ONU, la Otan e incluso el FMI: lo cuestiona todo y deja una gran orfandad en este liderazgo.

 

P.: ¿Podría ser el China quien tomara este liderazgo?

R.: Podría ser, aunque le falta avanzar mucho en tecnología. Pero sí, podría ser una oportunidad para China, un país que no hace tanto era profeta del extremo contrario. Aunque también podría tomarlo Europa, la hermana pequeña muda. De hecho Europa continúa trabajando en este sentido, a través de la negociación con el Mercosur o de tratados con otros países.

 

 

 

 

P.: ¿Está Estados Unidos solo en esta deriva proteccionista?

R.: Sí, porque todo el mundo ve que la globalización es importante y tiene muchas ventajas. También tiene inconvenientes, claro, como deprimir los salarios de la población menos cualificada de las economías desarrolladas. Pero no es culpable de dejar una parte de los ciudadanos sin trabajo. En esta cuestión también entra en juego otras cuestiones como la automatización o el encarecimiento de la educación. Es una cuestión de Gobierno. La globalización, en todo caso, necesita una mejor gobernanza.

 

P.: ¿Se miente cuando se culpa a la deslocalización de destruir puestos de trabajo?

R.: Se lanza la quimera de que el proteccionismo beneficiará a las clases más pobres de las economías desarrolladas. Hay dos maneras de atender a la gente que se siente fuera del sistema: o bien mejorando la economía para que todo salga bien o decir mentiras, decir que es posible traer la producción que un día se fue. La desigualdad no sólo tiene que ver con la renta, sino también con una serie de bienes básicos a los que se deja de tener acceso, como la sanidad o la educación.

 

P.: La bolsa, muy sensible siempre a las incertidumbres y los riesgos, aplaude la política de Donald Trump. ¿No sería un contrasentido?

R.: Hay muchos analistas que afirman que la bolsa está sobrevalorada y que no valora bien los riesgos. Incluso hay quien recomienda no invertir en la bolsa estadounidense porque en cualquier momento puede haber una caída importante. El mundo es mucho más arriesgado que lo que dejan entrever los mercados financieros. Dentro de la pujanza de la bolsa en Estados Unidos está la promesa de desregularizar y de dar más libertad financiera, precisamente lo que nos ha llevado a esta crisis. Y la bolsa responde con euforia a esto.

 

 

 

 

P.: Los indicadores macroeconómicos también son positivos: el Producto Interior Bruto (PIB) creció un 3% en el primer semestre, el desempleo está en el 4%, la inflación en el 2%. ¿Funciona la receta de Trump?

R.: Los datos son positivos, sí, pero la recuperación que tiene Estados Unidos de la crisis económica es la más débil que ha tenido en relación a otras crisis anteriores.

 

P.: ¿El cambio de rostro al frente de la Reserva Federal se incluye en esta misma línea?

R.: Lo que está manejándose, efectivamente, es si se recorta facilidad monetaria o no. Aquellos que ven precisamente esta debilidad en la recuperación de la economía estadounidense no son tan favorables a la subida de tipos. Ahora se irá retirando los estímulos para la expansión monetaria. No obstante, seguimos en un mundo donde los tipos de interés son bajísimos y, aunque se retiren estímulos, continuaran siéndolo. La inflación también es baja. No existe la euforia tal y como la pintan los mercados.

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