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18 Dic 201714:33

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Melania Trump: la primera dama que dividió al sector de la moda con su armario

En su primer año como primera dama, la esposa de Donald Trump ha dividido a diseñadores y firmas, a favor o en contra de vestirla en sus actos y apariciones debido a las políticas y comentarios de su marido.
06 Nov 2017 — 03:55
Martí Ventura
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Melania Trump: la primera dama que dividió al sector de la moda con su armario

 

El armario más polémico de Estados Unidos. Marc Jacobs, Tom Ford o Jason Wu contra Ralph Lauren o Carolina Herrera. Los diseñadores de todos los estilos se han pronunciado a favor y en contra de vestir a la nueva primera dama estadounidense a lo largo del último año tras cada uno de los comentarios o decisiones de su marido, el presidente de Estados Unidos.

 

Jacqueline Kennedy, Nancy Reagan, Michelle Obama y, ahora, Melania Trump. La figura de la primera dama estadounidense, que recibe el nombre Flotus, actúa como anfitriona de la Casa Blanca y, entre otras funciones, se encarga de asistir a eventos junto a su esposo y participar en acciones de carácter humanitario y de caridad.

 

Con la elección de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos, la ex modelo Melania Trump se convirtió en la nueva primera dama del gigante norteamericano, despertando el interés del mundo entero en cada aparición.

 

 

 

 

En su primer año, Melania Trump ha tenido una posición diferente a algunas de sus antecesoras en el cargo, al apostar por marcas de todo el mundo, especialmente italianas, en vez de estadounidenses. Otra de las características que la diferencian de primeras damas como Michelle Obama es su apuesta por firmas consolidadas en vez de nuevos talentos de la moda.

 

En sus apariciones, Flotus ha vestido firmas italianas como Dolce&Gabbana, Valentino o Gucci, además de francesas como Christian Louboutin, Chanel o Givenchy, e incluso españolas como Delpozo. Apostando por la cantera de marcas de su mercado local, Melania Trump ha llevado Michael Kors, Altuzarra o al francés afincado en Estados Unidos Hervé Pierre, junto al que diseñó su vestido del baile presidencial.

 

Desde el vestido azul firmado por Ralph Lauren el día de la elección de su marido al abrigo floral de más de 50.000 dólares de Dolce&Gabbana, cada selección de vestuario de la nueva primera dama estadounidense ha levantado polémica.

 

 

 


Antes del ascenso del actual presidente a la Casa Blanca, Melania Trump ya fue objeto de una guerra de posiciones en el sector de la moda, dividiéndose entre aquellas compañías favorables a vestirla y aquellas que estaban totalmente en contra.

 

Apoyando a la nueva primera dama se encontraban firmas estadounidenses como Tommy Hilfiger o Ralph Lauren, que mostraron su deseo de entrar en el armario de Flotus a través de comunicados y de las redes sociales. Pero no están solos, ya que el diseñador francés Karl Lagerfeld, director creativo de Fendi y Chanel, Carolina Herrera o Stefano Gabbana también han mostrado su interés en vestir a Melania Trump.

 

La lista de detractores, sin embargo, crece con diseñadores de todo el globo, que también están en contra de las políticas llevadas a cabo por Donald Trump. Firmas como Tom Ford, Marc Jacobs, Jason Wu o Alexander McQueen, que sí que vistieron a Michelle Obama, se han negado a trabajar para Melania Trump. Otros diseñadores, como Joseph Altuzarra, Donna Karan o Calvin Klein, han mantenido una posición más neutra.

 

 

 

Melania Trump, sin embargo, no ha sido la única primera dama que ha levantado críticas por sus elecciones de diseñador. A Jacqueline Kennedy, por ejemplo, siempre se le echó en cara la apuesta por diseñadores franceses como Dior o Chanel en detrimento de los estadounidenses. Para contrarestar este efecto, su sucesora, Lady Bird Johnson, se vio forzada a escoger al creativo nacional John Moore en su primera aparición oficial.

 

A Nancy Reagan, por su parte, siempre se la criticó por aceptar regalos de diseñadores estadounidenses con los que compartía amistad, como Oscar de la Renta, James Galanos o Bill Blass. Para solucionar la controversia, la primera dama tuvo que disculparse públicamente y devolver las prendas o donarlas a museos.

 

Quién viste o no a la primera dama no ha sido el único foco de polémica en el primer año de Melania Trump. La esposa de Donald Trump ha recibido también muchas críticas de usuarios de redes sociales a apariciones públicas como la visita a los afectados por el huracán Harvey con unos stilettos o su estancia oficial en Arabia Saudí con las piernas al descubierto y sin taparse la cabeza.

 

 

Ivanka Trump, la ‘otra’ primera dama

La hija de Donald Trump, Ivanka Trump, entró en el mundo de la moda en 2007 con su firma homónima, que en 2015 facturó cien millones de dólares, según Forbes. A lo largo de su trayectoria, la compañía amplió su oferta inicial de joyería, iniciada de la mano de Dynamic Diamond Corp, a otros productos como prendas de vestir, calzado, bolsos, fragancias, gafas y moda para el hogar.

 

La empresa llegó a tener una tienda en Madison Avenue, además de distribuir sus productos a través de varios licenciatarios, como G-III Apparel, el grupo de calzado Marc Fisher, la empresa de artículos de cuero Mondani y la compañía óptica B. Robinson.

 

Sin embargo, la carrera hacia la Casa Blanca de su padre ensombreció el imperio de moda de Ivanka Trump. Declaraciones del actual presidente, denuncias por plagio y los resultados de las elecciones estadounidenses impactaron en la compañía de la empresaria.


La campaña #GrabYourWallet incitaba a los consumidores estadounidenses a boicotear a la firma de la hija de Donald Trump e hizo un llamamiento a los distribuidores de la marca, entre los que se

encontraban Macy’s, Nordstrom, Amazon, Lord&Taylor, Marshalls o Zappos, para que cesaran la venta de sus productos. El grupo de grandes almacenes Macy’s paralizó la distribución de la marca Donald Trump en 2015 tras los comentarios de carácter racista del actual presidente de Estados Unidos sobre México. 

 

A raíz de este tipo de polémicas, la empresaria abandonó la dirección de su compañía de moda a pocos días de hacerse efectiva la investidura de su padre, al tiempo que dejó la presidencia del área de real estate development and acquisitions en The Trump Organization.

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