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20 Oct 201921:05

Jordi Galtés (Amec): “Hemos pasado de vender máquinas a vender datos”

Propietario de la empresa Gomplast y presidente de la patronal de fabricantes de maquinaria textil Amtex, el empresario asegura que quien no tienen maquinaria sensorizada y sostenible está fuera del mercado.
13 Jun 2019 — 03:50
Silvia Riera
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La industria de la moda, un sector que apenas ha evolucionado en miles de años, encara ahora una profunda transformación. Los nuevos hábitos de consumo, el nuevo escenario socioeconómico y geopolítico, los cambios demográficos y la irrupción de la tecnología en todos los quehaceres diarios también tienen un impacto en la cadena de valor del sector. La digitalización y la sostenibilidad abren una nueva era en todos sus eslabones, que implica la incorporación de nuevos sistemas en las fábricas. Itma, la mayor feria de maquinaria textil, dará las claves de lo que será la industria de la moda del futuro en su próxima edición, que se celebrará del 20 al 26 de junio en Fira de Barcelona. Acudirán 1.600 expositores y se espera superar los 125.000 visitantes.

 

 

Jordi Galtés (Amec): “Hemos pasado de vender máquinas a vender datos”

 

 

La digitalización avanza a pasos agigantados en la industria textil y parte de este acelerón les corresponde a los fabricantes de maquinaria. Al frente de su organización empresarial en España, Amtex, está Jordi Galtés, propietario de Gomplast. Amtex es este año el anfitrión de la feria Itma, el mayor encuentro global de este sector, en el que se obliga a exponer con innovaciones. En esta convocatoria del certamen se verá la llegada del Internet de las Cosas a la industria. Según Galtés, en la actualidad, aquella empresa que no haya sensorizado sus máquinas está fuera de mercado porque su negocio ha cambiado por completo, pasado de vender maquinaria a vender los datos que generan.

 

Pregunta: ¿En qué beneficia a la industria española del textil tener a Itma en Barcelona?

Respecto: El sector de la maquinaria textil tiene un problema general de marca país. Hay que admitirlo. La particularidad de nuestro sector es tener empresas nicho y de dimensiones pequeñas, que han hecho de la diferenciación su principal valor. Con estos elementos, es más difícil tener el reconocimiento internacional que se merece la marca española en maquinaria textil. Que Itma se celebre en Barcelona es un reconocimiento a su posicionamiento real por su protagonismo en la industria textil y no sólo por la distribución.

 

P.: ¿Es una oportunidad para los players españoles del sector?

R.: Facilita que nuestras empresas más locales y de menor tamaño puedan asistir. Una feria de estas características abre la puerta a iniciar un proceso de internacionalización que, de no existir, sería mucho más costoso. También podemos permitirnos tener una mayor visibilidad.

 

 

 

 

P.: Se prevé que asistan alrededor de 127.000 visitantes, muchos más que en las anteriores convocatorias de Barcelona y Milán. ¿Por qué tanta expectación?

R.: Venimos de una época larga de recesión. Y no podemos olvidar que el mercado de la moda continúa creciendo, aunque sea sólo por el incremento de la población, por una mayor clase media en las economías emergentes y por el aumento del consumo que genera el modelo de negocio del fast fashion.

 

P.: ¿Veremos en Itma la fábrica del futuro?

R.: La digitalización dentro de la producción de maquinaria no es tan rápida como en otros sectores industriales, pero por supuesto que debemos incorporarla. Hace años incorporamos ya la automatización y ahora estamos en el Internet de las Cosas. Los componentes de las máquinas están equipados con sensores para recopilar datos, que son válidos tanto para nosotros, los fabricantes de las máquinas, como para nuestros clientes.

 

P.: ¿Cuál es la validez de estos datos?

R.: Con la maquinaria de hoy se puede controlar su mantenimiento de manera online a miles de kilómetros de distancia. Por otro lado, los sensores con las que están equipadas las máquinas permiten también captar datos para ofrecer más información al cliente sobre el rendimiento de las máquinas. Para que una máquina sea útil debe generar datos, informan cuando se calienta un motor, si se consume demasiado gas o si el color del tinte es diferente.

 

 

 

 

P.: Se gana entonces en eficiencia…

R.: Totalmente. Se es más eficiente en calidad, en recursos y en costes. Es el equivalente a que la nevera realice el pedido al supermercado. En nuestro caso, el sensor realiza el pedido, por ejemplo, al proveedor de colorante cuando estima que se está terminando. El proveedor otorga también el software para tratar los datos, ya sea para la gestión digital de la fábrica, como para optimizar la producción.

 

P.: ¿Cómo ha transformado la digitalización al sector?

R.: Hemos pasado de vender máquinas a vender datos. Más importante que hacer máquinas para fabricar tejido es realizarlas para fabricar datos. Hoy, el valor más importante de las máquinas es la captación de datos, porque es lo realmente útil para gestionar la producción o reducir costes, por ejemplo.

 

P.: ¿Todo el sector está avanzando ya en la digitalización?

R.: Hoy, la máquina que no recoja datos está fuera de mercado. Aunque se tenga la mejor máquina, si no se captan los datos, se queda fuera. El discurso tradicional de ir lanzando nuevas versiones sobre un modelo está obsoleto. Se da por supuesto que las máquinas son las mejores para cada proceso, ahora hay que captar datos. Todas las máquinas que se verán en Itma tienen sensores. Y este es un mundo que avanza muy rápido.

 

 

 

 

P.: ¿Se puede hablar ya de intercontectividad entre las máquinas?

R.: Todavía no, pero el camino lleva hacia aquí. No es algo que esté ya, pero todo indica que en el terminarán conectadas entre sí. Los procesos continúan siendo aún muy tradicionales.

 

P.: ¿Qué innovaciones veremos en Itma?

R.: Quizá la última gran innovación en este sentido dentro de la cadena de valor del textil ha sido la impresión digital, provocando un cambio radical en el sistema de producción. Al principio eran sólo para muestras y eran realmente caras, pero la tecnología cada vez es menos costosa y están ya sustituyendo al tinte tradicional. Esto provoca que entren también en el sector actores que hasta ahora no estaban en él.

 

P.: ¿E impresoras 3D?

R.: La impresión aditiva no está, pero se la espera. La aditiva en el textil para sustituir la tejeduría, no será. Pero sí entra en especializaciones como la construcción de membranas, por ejemplo. Entra en subsectores más especializados.

 

 

 

 

P.: ¿Cómo la sostenibilidad está cambiando los procesos?

R.: La sostenibilidad es hoy una condición sine qua non entre los fabricantes europeos. El textil es un sector muy contaminante y la sostenibilidad hoy es básica. Los fabricantes de maquinaria estamos desarrollando la etiqueta verde. Se está trabajando en definir los parámetros para producir y poder obtenerla. Los criterios más comunes son el ahorro de agua y la recuperación de tejidos para reciclar.

 

P.: ¿Son las marcas y los retailers los que piden esta sostenibilidad?

R.: Y el consumidor. Al final, esta presión existe porque lo exige el consumidor. Y los gobiernos, sobre todo en cuanto a gestión de residuos. Aunque la legislación implica al textil y a todas las actividades industriales. Sin embargo, la presión que ahora hay en la cadena viene de la distribución. Esto provoca que el productor textil termine por demandar maquinaria adaptada. Del mismo modo que si no se está sensorizado se está fuera de mercado, sino se garantizan una gestión de residuos o unos ahorros en recursos, la maquinaria tampoco se venderá.

 

P.: ¿La conexión entre los extremos de la cadena se incrementa?

R.: Absolutamente. Hay una conexión cada vez mayor entre el fabricante de maquinaria y el distribuidor. El control de los grandes de la distribución sobre el conjunto de la cadena es cada vez mayor, están sobre el fabricante de maquinaria e incluso sobre el agricultor del algodón.

 

P.: ¿Terminarán por levantar y gestionar sus propias factorías?

 R.: Habrá mayor proximidad, pero no controlarán directamente la gestión. Sí es cierto que sus demandas condicionan muchísimo el diseño de las nuevas fábricas, pero no veo interés para controlar la producción. Ellos dan los requisitos y los proveedores se espabilan. E irá a más porque su poder de compra lo condiciona todo. 

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