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Carrie Bradshaw tenía abuela

9 mar 2009 - 00:00

Lo sentimos. Nos encanta Sexo en Nueva York, pero a veces hay que hacer justicia. Mucho antes de que el personaje que interpreta Sarah Jessica Parker irrumpiese en el imaginario global, la británica Doris Langley Moore (1902-1989) se aproximó al mundo de la moda de una manera moderna y rompedora para su época. Empezó como diseñadora de vestuario teatral. De allí pasó al cine, siendo el cénit de su carrera cuando Katherine Hepburn la impuso como responsable de vestuario en la película La reina de África.Persona leída y culta, de hecho fue en su época una de las mayores especialitas en la obra de Byron, empezó a coleccionar vestidos en 1928 para convertirse en una experta durante los años siguientes. En la década de los cuarenta en Gran Bretaña el estudio de la moda era considerado una frivolidad. Esto no amilanó a Doris Langley Moore, que continuó su colección y creó el Museo del Vestido en la ciudad de Bath, actualmente denominado Museo de la Moda y que todavía puede visitarse.Llegó a escribir seis libros sobre moda, el más conocido The Woman in Fashion que como el resto de su obra en esa época tiene el mérito de que su autora se había interesado por la moda cuando precisamente no estaba de moda hacerlo. Doris Langley era una mujer muy práctica y no era partidaria de gastar mucho en ropa. Sobre el dinero que dedicaban entonces las mujeres a la ropa, señalaba “por lo menos la mitad de ese gasto y esfuerzo es un total despilfarro porque la mayoría de los hombres simplemente no observa lo suficiente la ropa de una mujer como para notar los cambios, mucho menos para apreciarlos”.Era partidaria de la ropa moderna, del maquillaje discreto y de que las mujeres llevasen una vida independiente, propia y dedicada a la búsqueda de los placeres, la cual, lejos de la aproximación superficial con la que autores como Oscar Wilde la habían tratado, para Doris Langley era un asunto muy serio. Incluso llegó a escribir una pequeña guía de seducción dirigida a jovencitas... en 1928. El libro se puede leer como un tratado en el que muchas veces la moda ayuda a las mujeres en momentos y lugares en el que los hombres solteros son un bien escaso, como pasó en Europa y en la propia Gran Bretaña después de la I Guerra Mundial.