Back Stage

Claudia Hosta (Mango): “La sostenibilidad tiene que sumar, no es un atributo de venta”

La directora de circularidad de Mango, que acaba de lanzar su primera colección de denim ecodiseñada, repasa los retos a los que se enfrenta el sector para llevar la circularidad a escala.

Claudia Hosta (Mango): “La sostenibilidad tiene que sumar, no es un atributo de venta”
Claudia Hosta (Mango): “La sostenibilidad tiene que sumar, no es un atributo de venta”
La directora de circularidad de Mango defiende que el cambio que debe abordar el sector, y la sociedad en su conjunto, es similar al que es hizo en su día con los envases.

Iria P. Gestal

26 ene 2023 - 05:00

Entender bien qué uso se le dará a cada producto, trabajar mano a mano con los proveedores y explicarle al cliente qué opciones tiene una vez ya no quiere una prenda. Estas son, según Claudia Hosta, las claves que debe abordar el sector de la moda para avanzar en circularidad, en un momento en que la legislación aprieta. La directora de circularidad de Mango, que acaba de lanzar su primera colección de denim ecodiseñada en el marco de la nueva estrategia de sostenibilidad del grupo, defiende que el cambio que debe abordar el sector, y la sociedad en su conjunto, es similar al que se hizo en su día con los envases: “hay que entender que el textil también es un residuo y necesita de una gestión responsable”.

 

 

 

Pregunta: Han empezado con una pequeña colección. ¿Se puede trabajar con estos parámetros a escala? ¿Podría toda la colección ser ecodiseñada?

 

Respuesta: Es la primera colección que sacamos dentro de nuestra estrategia de sostenibilidad para 2030 y es la primera de muchas. Es verdad que tiene que ser algo progresivo y que los equipos se tienen que ir formando, adaptando y coger todos los conocimientos relacionados con el ecodiseño, que además no es algo estático, sino en constante transformación. Evidentemente, van a llegar leyes y nos tendremos que ir adaptando. La Unión Europea ya ha comenzado a publicar borradores de las primeras directivas de ecodiseño, así que es la primera piedra y nuestra intención es que en 2030 predominen estos diseños y estén cada vez más presentes.

 

 

P.: ¿Qué podemos esperar de esta normativa?

 

R.: Ya se empieza a hablar de prendas reciclables, durables de que las prendas cuando se diseñen se realicen pensando en qué va a suceder con ellas el día en el que los clientes no la quieran.

 

 

P.: ¿Esta forma de diseño afecta también al proceso de compra e interacción con los proveedores?

 

R.: Sin duda. Podemos decir que es algo que nos ha hecho prácticamente integrarnos con todo el sector. En el momento que hablamos de diseño circular, ya no sólo hablamos de diseño puro y duro, sino que tenemos que a nuestros equipos de producto se les exige que piensen en las fibras, en las fornituras, en los hilos que se utilizan para confeccionar o en las propiedades técnicas de las propias prendas. Además, también juega un papel importantísimo el proveedor, que tiene que adquirir este conocimiento y le exigimos que entienda las particularidades que tienen estos diseños. En el caso de la nueva colección, nuestros proveedores han tenido un papel primordial. No sólo lo hemos hecho con proveedores de confianza, sino que ellos mismos tiene integrados sus procesos de reciclaje y nos han permitido hacer esta colección con los retales de producciones anteriores. Hemos conseguido ese tejido reciclado y reciclable que de alguna manera, nos ha permitido realizar este 360 grados en la colección y contribuir a cerrar el círculo introduciendo fibras recicladas en lugar de convencionales.

 

 

 

 

P.: Sin fornituras, monofibra, hecha para durar… ¿la moda “ecodiseñada” es más aburrida?

 

R.: No, rotundamente. Aquí está lo divertido del asunto: nuestros equipos de producto tienen que seguir velando por hacer ropa bonita, que enamore y que guste a nuestras clientes con el reto de que además sea sostenible y se haya diseñado pensando en generar un impacto menor y en qué va a suceder con esa prenda el día que nuestras clientas no la quieran.

 

 

P.: ¿La circularidad es una forma de hacer compatible la sostenibilidad con la velocidad?

 

R.: Correcto. O bien la ropa será más durable, o habrá tenido procesos que hayan tenido en cuenta los residuos que se generan tanto en el proceso productivo como en las fibras que se utiliza. En realidad, lo que se pretende con el ecodiseño o con la circularidad como tal es intentar reducir el consumo de materias primas, bien sea porque incorporo fibras recicladas o porque cuando las diseñamos pensamos en qué puede suceder con esa prenda para que podamos darles segundas vidas o la podamos reciclar. En ningún caso generar un residuo.

 

 

P.: ¿Hay que cambiar la formación de los diseñadores?

 

R.: Esto es muy importante. Cuando yo estudié no se impartían asignaturas relacionadas con la sostenibilidad o que te hicieran pensar en estos ámbitos. Las escuelas de diseño ya se están poniendo las pilas con asignaturas de ecodiseño. Lo mismo le pasa a nuestros diseñadores, que no han tenido esta formación y ahora les toca ponerse al día. Les estamos formando internamente y con escuelas de diseño para que adquieran estos conocimientos y sean capaces de no sólo pensar en el diseño como tal, sino el para qué de esa prenda. Cuando hablamos de estrategias de circularidad, podemos pensar que hay muchas y algunas pueden ser contradictorias entre sí, y lo importante es que los equipos de diseños se planteen cuál será el uso del producto. Tiene sentido que un abrigo, por ejemplo, esté diseñado con criterios de durabilidad. En cambio, el denim, que es una prenda ya de por sí duradera y además tiene más de un 85% de algodón, nos permite darle además atributos de reciclabilidad.

 

 

 

 

P.: Una prenda cien por cien de algodón es más reciclable, pero una de poliéster y elastano dura más. ¿Cómo puede el cliente elegir qué es mejor?

 

R.: El quid de la cuestión es entender para qué se ha pensado cada una de las prendas y que el cliente también sea capaz de entenderlo y cuando no la quiera pueda encauzarla al sitio correcto. El fin de uso de una prenda en realidad depende de cada uno, puede que ya no te sirva, que ya no te guste o que la tengas treinta años en el armario, así que el quid de la cuestión es que los equipos de producto y de cliente entendamos el para qué está confeccionada la prenda y qué fin de uso se le tiene que dar.

 

 

P.: El siguiente paso es el reciclaje: ¿cuánto se puede reciclar hoy a escala?

 

R.: El primer paso no tiene por qué ser el reciclaje, de hecho, en la pirámide primero va la reutilización. Actualmente, en España se gestionan sólo el 12% de las prendas que la sociedad no quiere. Dentro de ese 12%, una parte muy importante ya se está destinando a la segunda mano, la reutilización o la venta solidaria. Otro porcentaje, menos importante pero significativo, se destina al reciclaje. Aquí tenemos un reto por delante, tenemos una regulación encima de la mesa que entra en vigor el 1 de enero de 2025 donde se nos aplica al sector textil la responsabilidad del productor, que significa que vamos a pasar a ser responsable de la recogida, selección y preparación para el reciclaje de estas prendas. Esto motivará que estos porcentajes vayan a aumentar significativamente, por lo tanto, la proporción de prendas recicladas va a ser mucho más importante. El papel que jugamos aquí es el ser parte de la solución también y evidentemente somos potencialmente consumidores de fibras recicladas.

 

 

P.: ¿Qué otras barreras hay actualmente para la circularidad?

 

R.: Barreras hay muchas actualmente. El principal es que la circularidad es todavía un concepto que la sociedad no tiene muy integrado. También es misión de las marcas el ir repitiendo ciertos conocimiento y fibras recicladas y qué supone, o el por qué ponemos prendas reciclables en el mercado. Para mí el primer punto sería esto, el que los consumidores entendieran precisamente la circularidad y todo lo que conlleva. Otro reto importantísimo es la trazabilidad en la cadena de suministro, con la dificultad que ello conlleva, y evidentemente esto implica cambiar la forma de trabajar. Implica que nuestros equipos de producto trabajen de una manera más armonizada, que lleguen a entender los materiales, los proveedores y procesos. Todos tienen que trabajar de la mano, no sólo los diseñadores y compradores, sino también técnicos de tejido, de calidad, acabadores, proveedores. Precisamente uno de los retos importantes de la circularidad, que lo estamos viviendo en nuestras propias carnes, es que nos hemos abierto a todo el sector. Antes quizá hablábamos con productores de prendas o de tejido, pero ahora hablamos con productores de fibra. Nos hemos ido al principio de la cadena. Esto nos hace trabajar de una manera mucho más sectorial y preguntarnos muchas más cosas.

 

 

 

 

P.: Como clientes de fibras recicladas, ¿cuál es la barrera para que se extiendan más: la calidad, el volumen…?

 

R.: Es un poco de todo. El reciclaje mecánico, el más comúnmente conocido y más extendido, es el del algodón, aunque esto no significa que no se reciclen otra fibras como poliéster, que tienen propiedades muy buenas. Lo que pasa es que al ser recicladas mecánicamente, las fibras se terminan acortando. Para conseguir que eso sea casi imperceptible para el cliente, mezclamos esas fibras recicladas con otras convencionales, en el caso de la colección de denim, por ejemplo, mezclamos un porcentaje relevante de reciclado con algodón BCI o incluso orgánico.

 

 

P.: ¿El reciclaje químico es la solución? ¿En qué punto se encuentra ahora?

 

R.: Se habla mucho de reciclaje químico y de la separación de fibras, que es el hándicap que tenemos. Está todo por ver, qué papel va a jugar, si se va a industrializar o si vamos a ser capaces de separar fibras. Tiene que haber una industria recicladora muy importante que tenga en cuenta que las marcas. Con la nueva asociación que hemos creado, están recogiendo mucho más residuo textil. Evidentemente vamos a tener que ser capaces de reciclar cada vez más composiciones. Si llega el día en que podamos llegar a reciclar cualquier tipo de composición, quizá dejemos de hablar de prendas reciclables, porque todas las prendas lo serán. La cuestión es que nos tenemos que ir adaptando a esto y que los procesos de reciclajes son los que son, por ello cuando hablamos de procesos de reciclaje, estamos hablando de los actuales. Tenemos que irnos reinventándonos constantemente, bien sea porque salen nuevos procesos de reciclaje, nuevas fibras que nos permiten hacer prendas pensando en otros atributos o bien sea porque la legislación nos dice hacia donde ir y nos marca una hoja de ruta.

 

 

 

 

P.: El desarrollo a escala de sistemas de reciclaje químico requiere inversión. ¿Qué rol deben jugar grandes retailers como Mango?

 

R.: Vamos a tener un doble rol. Primero tenemos un rol de demandante muy importante: qué sentido tendría pedir a los recicladores o investigar en procesos si no tenemos una demanda por parte de empresas como la nuestra. También tenemos el rol que adquirimos con la responsabilidad ampliada del productor. Los retailers somos parte del problema, pero pasaremos a ser parte de la solución. Ya hoy nuestros clientes y la sociedad tienen las vías para hacer una gestión responsable. La cuestión es que no lo sabe. Hoy ya existen contenedores de calle, en las tiendas… La cuestión es que las marcas y los clientes entendamos cuáles son nuestros procesos de gestión responsable de residuo textil y los integremos más. Tenemos que hacer una transición, como se hizo en su día con los envases, y entender que el textil también es un residuo y necesita de una gestión responsable, bien sea para la reutilización o el reciclaje.

 

 

P.: Los materiales, los químicos… hoy todo va acompañado de una certificación. ¿Hace falta una también para el ecodiseño?

 

R.: Es probable. Evidentemente aún no ha llegado, en el caso de Mango sí que nos estamos acompañando del laboratorio de Aitex para que valide si lo que ponemos en el mercado diciendo que es durable así sea. Pero esto está por llegar. Si nos miramos en el espejo de Francia, que ya tiene un Scrap en marcha y sistemas de eco-modulación y precisamente pide acreditar el origen de las fibras o de las prendas. Ahora mismo no se requieren certificados cuando hablamos de ecodiseño, pero sí cuando hablamos de fibras, pero probablemente sí que está por llegar. La clave es irnos adaptando y adquirir esos conocimientos. Al final los certificados no son otra cosa, tanto para las marcas como para el cliente, de poder validar e ir hacia esa trazabilidad de las fibras.

 

 

P.: ¿La circularidad se notará en el precio?

 

R.: En realidad, la sostenibilidad tiene que sumar, no es un atributo de venta. Las prendas tienen que ser lo bonitas que continúan siendo, pero hemos de procurar que sean sostenibles. En algunos procesos o fibras específicas sí que pueden suponer un incremento de precios, pero en muchas otras, no. El algodón reciclado hoy tiene el precio que tiene por los procesos que conlleva, pero a la larga, con escala, pero también estamos quitando fornituras, así que se acaban compensando. A más fibras recicladas, más competitivos serán los precios. Lo mismo nos pudo suceder hace unos años con los algodones más sostenibles.